El potencial oculto de más de 220 minas abandonadas: Argentina busca entrar al club global de los metales críticos
La reactivación de yacimientos inactivos podría multiplicar por cinco la producción nacional de metales críticos.
Un informe privado destaca que Argentina cuenta con más de 220 minas abandonadas con recursos remanentes y condiciones para volver a operar en tiempos y costos muy inferiores a los de un proyecto nuevo.
Reactivación brownfield: una oportunidad estratégica
Según el informe elaborado por José Luis Dalla Gassa, la decisión de Glencore de reactivar Bajo de la Alumbrera en Catamarca, tras siete años de inactividad, reabrió el debate sobre el valor de los yacimientos considerados “abandonados”. El especialista sostiene que “lo que Argentina llama minas abandonadas son reservorios estratégicos de metales críticos, y el mundo los necesita más que nunca”.
Las más de 220 minas inactivas ubicadas en provincias como San Juan, Jujuy, Salta, Mendoza, Córdoba, Río Negro, Santa Cruz y Catamarca no cerraron por falta de mineral, sino por contextos históricos: precios internacionales deprimidos en los 90 y 2000, falta de tecnología, costos altos de energía y logística, escasez de financiamiento y ausencia de continuidad regulatoria. Con la demanda global de minerales para energía, tecnología y defensa en alza, el escenario cambió por completo.

Costos, tiempos y ventajas del modelo brownfield
Mientras un proyecto greenfield demanda entre US$ 250 y 3.000 millones y de 8 a 14 años para iniciar operaciones, una reactivación brownfield requiere entre US$ 5 y 50 millones y puede volver a producir en 6 a 12 meses. Esto se explica por infraestructura ya instalada, permisos previos, botaderos con mineral recuperable, mano de obra capacitada y un impacto ambiental considerablemente menor.
El ROI promedio se ubica entre 18 y 36 meses. Dalla Gassa resume la lógica del modelo: reactivar minas “no es nostalgia: es estrategia, es soberanía y es negocio”.
Minerales críticos con potencial de reactivación
Argentina posee depósitos claves para la transición energética:
- Cobre: Botaderos con 0,30% a 0,70% en San Juan, Mendoza y Córdoba, viables con tecnologías de flotación moderna.
- Litio: Salares secundarios en Jujuy, Salta y Catamarca, abandonados desde los 80 y hoy reactivables con DLE y evaporación forzada.
- Tungsteno: Minas históricas en San Luis y Córdoba, en un mercado de precios crecientes.
- Molibdeno, vanadio, manganeso y tierras raras, cada vez más demandados por industrias estratégicas.
- Sílice de alta pureza en San Juan y Catamarca, vinculada al desarrollo solar.

Tipos de reactivación y montos necesarios
El informe clasifica tres modelos de reactivación para minimizar riesgos y acelerar retornos:
Reactivación light (“oro en botaderos”)
Inversión: US$ 500.000 a 3 millones.
Plazo: 3 a 12 meses.
Adecuada para tungsteno, sílice, baritina, fluorita y cobre oxidado.
Reactivación media
Inversión: US$ 5 a 15 millones.
Plazo: 12 a 18 meses.
Para minas a cielo abierto y subterráneas con infraestructura parcial.
Reactivación full
Inversión: US$ 15 a 50 millones.
Plazo: 18 a 36 meses.
Diseñada para yacimientos polimetálicos de mayor escala.
Provincias con yacimientos abandonados clave
El análisis destaca ejemplos representativos:
- Buenos Aires: sílice en Las Armas y Miramar.
- San Juan: Casposo (oro-plata) en standby; El Pachón (cobre).
- San Luis: Los Cóndores (tungsteno).
- Río Negro: Sierra Grande (hierro) y Arroyo Ventana (uranio).
- Chubut: Mina Huemules (uranio) y Mina Angela (polimetálica).
- Córdoba: Cerro Áspero (tungsteno).
- Mendoza: Paramillos (Zn-Pb-Ag-Au) y San Jorge (cobre).
Cómo convertir abandono en negocio
El informe recomienda un proceso escalonado: consulta de datos de SEGEMAR, análisis de producción histórica, muestreos geoquímicos, ensayos metalúrgicos, estimación de CAPEX según la categoría de reactivación, auditoría regulatoria provincial, evaluación logística, modelización económica y preparación de presentaciones para inversionistas.
Dalla Gassa concluye que “una mina abandonada no es una ruina, sino un activo dormido que puede volver a producir con inversión moderada y estrategia sólida”, y advierte que la ventana de oportunidad para posicionarse en el mercado global de metales críticos se concentra entre 2025 y 2030.
Fuente: Más Energía
