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El uranio, en el centro de la transición energética: la demanda crecerá más de 30% en cinco años

La energía nuclear gana terreno como alternativa para alcanzar los objetivos de cero emisiones de carbono y reducir la dependencia energética. Según la Asociación Nuclear Mundial, la demanda de uranio podría dispararse en los próximos años, obligando a abrir nuevas minas y reactivar operaciones inactivas.


Auge del uranio en la matriz energética

El último Informe sobre Combustible Nuclear de la WNA proyecta que el consumo de uranio para reactores nucleares crecerá un 28% hacia 2030 y se duplicará para 2040, superando las 150.000 toneladas métricas anuales. Actualmente, la cifra ronda las 67.000 toneladas.

Aunque el suministro de las minas existentes resulta suficiente en el corto plazo, el escenario cambia después de 2030. La WNA advierte que la producción de las minas activas se reducirá a la mitad, lo que obligará a acelerar el desarrollo de proyectos para evitar déficits. El organismo remarca que desde el descubrimiento de un yacimiento hasta su puesta en marcha suelen transcurrir entre 10 y 20 años.


Energía nuclear como respuesta a las tensiones geopolíticas

La organización señala que los conflictos internacionales y las preocupaciones por la independencia energética impulsan la reconsideración de la energía nuclear incluso en países que habían optado por eliminarla gradualmente.

De hecho, la capacidad nuclear global alcanzaba a mediados de 2025 los 398 gigavatios eléctricos, con 71 GWe en construcción. Las proyecciones indican que la cifra crecerá 13% para 2030 y casi 90% hacia 2040, cuando llegaría a 746 GWe.


El rol de los reactores modulares pequeños

Un punto clave en esta expansión es la aparición de los reactores modulares pequeños. Más económicos y rápidos de construir, se perfilan como una tecnología capaz de acelerar la transición hacia una matriz más limpia y estable.


Producción y desafíos a futuro

La producción mundial de uranio se recuperó un 22% entre 2022 y 2024, alcanzando más de 60.000 toneladas. Con el aporte de suministros secundarios, este volumen permitirá cubrir la demanda a corto plazo. Sin embargo, tras 2030 será necesario sumar nuevas minas y reactivar operaciones cerradas.

A esto se suma la creciente necesidad de capacidad de enriquecimiento, una demanda que se intensificó luego de la invasión de Rusia a Ucrania y las posteriores disrupciones del mercado.

Fuente: Minería y Desarrollo

Redaccion

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