Diciembre arrancó con un desplome de tasas: los plazos fijos ya rinden menos del 25% anual
Los plazos fijos de bancos líderes ya pagan entre 22% y 25% anual, mientras que el crédito sigue sin abaratarse.
La flexibilización de encajes del Banco Central disparó un exceso de liquidez que hundió los rendimientos en pesos.
Liquidez en alza y tasas en caída
El comienzo de diciembre llegó con un derrumbe generalizado de tasas, impulsado por la decisión del Banco Central de flexibilizar los encajes bancarios y limitar las inversiones de los fondos comunes en cauciones. Ambas medidas obligaron a las entidades financieras a volcar más pesos al sistema, reduciendo la necesidad de ofrecer tasas altas para atraer depósitos.
La reacción fue inmediata: un banco de primera línea ya paga apenas 22% anual por plazos fijos a 30 días, y el promedio del sistema se ubica cerca del 25% anual. Las entidades de segunda línea apenas superan ese nivel, pero todas se mantienen por debajo del 30%.

Caída también en cuentas remuneradas y Lecap
El desplome de tasas también alcanzó a las cuentas remuneradas de bancos y billeteras virtuales, que habían seducido a millones de usuarios durante la inflación alta. Con rendimientos más bajos, disminuye el incentivo de mantener dinero a la vista en plataformas que solían competir agresivamente con los bancos tradicionales.
En los mercados, las Lecap más cortas cayeron por debajo del 25% anual, volviendo a niveles previos a la crisis de julio por el desarme de las Lefi. Los tramos que vencen entre diciembre y febrero operan entre 30% y 32%, abaratando el costo de renovación de deuda para el Tesoro.
En paralelo, los BONCER, que ajustan por inflación, redujeron su tasa real: del 20% por encima del IPC en plena incertidumbre electoral a alrededor del 8% anual.

Qué cambió en los encajes bancarios
Hasta hace pocas semanas, los bancos operaban con encajes superiores al 50% y debían cumplir el 95% de esa exigencia de manera diaria, lo que los obligó a pagar tasas superiores al 100% anual para conseguir pesos. Esa presión derivó en pérdidas en balances trimestrales de grandes entidades.
Ahora, aunque los encajes permanecen altos, la exigencia diaria bajó al 75%, liberando liquidez que se reflejó de inmediato en las tasas.
El riesgo de una baja demasiado abrupta
Con más pesos circulando, el Gobierno deberá operar con “sintonía fina”: una baja excesiva de tasas podría derivar en mayor demanda de dólares y presionar tanto sobre el tipo de cambio como sobre la inflación futura.
El crédito, el gran ausente de la recuperación
Aunque la liquidez mejoró, las tasas de préstamos no bajan al mismo ritmo. La demanda crediticia sigue débil y los bancos se muestran cautelosos por el aumento de la morosidad. En el sector financiero esperan un repunte recién hacia marzo o abril de 2026, cuando la actividad económica podría comenzar a recuperarse.
Fuente: Infobae
