Argentina redefine su estrategia nuclear para convertirse en un actor global de la energía
El Gobierno avanza con un plan de tres etapas que apunta a reactivar la minería de uranio, producir reactores modulares de exportación y atraer inversiones millonarias en centros de datos impulsados por energía nuclear.
De pionero regional a protagonista del nuevo mapa energético
Argentina, histórica referente nuclear en América Latina, busca reposicionarse como un actor central en la transición energética global mediante una estrategia que retoma su legado tecnológico y lo proyecta hacia nuevos mercados. Desde la creación de la CNEA y el Instituto Balseiro en 1950 hasta la inauguración del primer reactor latinoamericano en Constituyentes en 1958, el país consolidó tempranamente un liderazgo que se profundizó con la puesta en marcha de Atucha I en 1974 y Embalse en 1983.
A pesar de los vaivenes económicos que frenaron Atucha II durante décadas, la conexión de la central en 2014, con amplia participación nacional, reafirmó la capacidad del sector para sostener proyectos de alta complejidad.
Un entramado industrial con prestigio internacional
El ecosistema nuclear argentino se apoya en empresas estatales y mixtas que garantizan soberanía tecnológica y presencia global. INVAP exporta reactores de investigación a países como Australia y Egipto; CONUAR fabrica elementos combustibles para todas las centrales del país; DIOXITEK produce dióxido de uranio y cobalto-60; y ENSI SE abastece agua pesada de grado nuclear.
Sin embargo, persiste una paradoja estructural: Argentina importa el 100% del uranio que consume desde el cierre de su última mina en 1995, pese a contar con importantes reservas, especialmente en Sierra Pintada (Mendoza), que acumula la mayor producción histórica del país.
Exploración renovada y proyectos que reactivan el mapa minero
La recuperación de la minería de uranio aparece ahora como pieza clave. El proyecto Ivana, en Río Negro, descubierto por Blue Sky Uranium en 2011, se destaca por su cercanía a la superficie y su mineralización no consolidada, lo que reduce costos operativos. La reciente inversión comprometida por Abatare España, por hasta 35 millones de dólares, coloca a Ivana como candidato para abastecer e incluso triplicar la demanda nacional anual.
El interés también se expande hacia Santa Cruz, con el proyecto Sofía, y Chubut, donde el gobernador Ignacio Torres impulsa el desarrollo de Cerro Solo con el argumento de que la minería de uranio mediante recuperación in situ (ISR) —técnica sin cianuro ni minería a cielo abierto— podría reactivar la actividad en la provincia.
Reactores modulares, minería y centros de datos: la nueva hoja de ruta
La redefinición estratégica del sector, promovida por Damián Reidel desde Nucleoeléctrica, plantea un giro profundo tras décadas de avances y demoras del prototipo CAREM-25.
El plan se estructura en tres etapas:
- Producción de SMR avanzados: Se impulsará el ACR300, nuevo reactor modular diseñado por INVAP, con cuatro unidades de 300 MW en Atucha. El proyecto contará con financiamiento privado de Estados Unidos, que será socio estratégico, y construcción en manos de empresas argentinas.
- Reactivación de la minería de uranio: Con la creación de YPF Nuclear en 2025, la extracción local abastecerá los nuevos reactores y permitirá vincular la venta de combustible con la exportación de la tecnología, bajo un modelo de integración similar al “modelo Gillette”.
- Ciudad Nuclear e inteligencia artificial: Se proyecta una ciudad tecnológica en la Patagonia —probablemente en Río Negro— pensada como polo energético y digital. La disponibilidad de energía nuclear estable motivó que OpenAI y Oracle firmaran Cartas de Intención para construir centros de datos, con inversiones estimadas entre 20.000 y 25.000 millones de dólares.
Una apuesta para recuperar protagonismo global
Con esta estrategia, Argentina busca dejar de ser únicamente un usuario avanzado de tecnología nuclear y convertirse en un exportador de clase mundial, capaz de liderar la producción de reactores modulares, suministrar combustible nacional y atraer a gigantes de la IA mediante infraestructura energética estable y de bajo impacto ambiental.
