Economía

Desigualdad en Argentina: mejora leve, pero la brecha entre ricos y pobres sigue en niveles altos

Un informe del INDEC mostró una leve mejora en la distribución del ingreso hacia fines de 2025, aunque persisten diferencias estructurales marcadas por la informalidad y la brecha de género.


Un descenso moderado en la desigualdad

El último informe del INDEC evidenció una leve mejora en la distribución del ingreso en Argentina durante el cuarto trimestre de 2025. El Coeficiente de Gini se ubicó en 0,427, por debajo del 0,430 registrado un año antes, lo que indica una reducción marginal de la desigualdad.

Sin embargo, la brecha estructural se mantiene: el 10% más rico de la población percibe ingresos 13 veces superiores al 10% más pobre, una relación que no mostró cambios respecto al mismo período de 2024.


Cómo se distribuyen los ingresos

El análisis por estratos refleja con claridad la segmentación económica:

  • El ingreso promedio del sector más bajo (deciles 1 a 4) fue de $351.028
  • El estrato medio (deciles 5 a 8) alcanzó $940.586
  • El segmento alto (deciles 9 y 10) llegó a $2.476.247

En términos generales, el ingreso promedio individual se ubicó en $1.011.863, mientras que el ingreso per cápita promedio fue de $635.996, con una mediana de $450.000, lo que muestra la concentración en los niveles superiores.


Informalidad: el principal factor de desigualdad

Uno de los datos más relevantes del informe es el peso de la informalidad laboral. Los trabajadores registrados percibieron en promedio $1.321.353, mientras que los informales apenas $651.484, prácticamente la mitad.

Esta brecha evidencia que el mercado laboral sigue siendo uno de los principales canales de reproducción de la desigualdad, con fuertes diferencias en estabilidad, ingresos y acceso a derechos.


Brecha de género persistente

El informe también confirma que la desigualdad de género continúa siendo significativa. Los varones registraron ingresos promedio de $1.191.364, frente a $838.336 en las mujeres.

En términos relativos, la brecha alcanza el 29,6% en la ocupación principal, consolidando una disparidad estructural que atraviesa tanto el acceso al empleo como la calidad de las remuneraciones.


Dependencia de ingresos no laborales

Otro dato crítico surge al analizar la composición de los ingresos familiares. Mientras que el 79,2% de los recursos totales proviene del trabajo, en los sectores más vulnerables la dependencia de ingresos no laborales es mucho mayor.

En el decil más bajo, el 67,7% de los ingresos proviene de transferencias como subsidios o jubilaciones. En contraste, en el decil más alto ese porcentaje cae al 12,3%.


Presión sobre los hogares más vulnerables

La relación entre población ocupada y no ocupada también muestra fuertes desigualdades. En promedio, hay 122 personas no ocupadas cada 100 ocupadas, pero en el decil más bajo esa cifra se eleva a 284, lo que implica una carga significativamente mayor sobre los ingresos familiares.


Un escenario estable, pero con tensiones estructurales

Si bien los indicadores muestran una leve mejora, el panorama general sigue marcado por una desigualdad persistente. La estabilidad del Gini convive con brechas profundas en ingresos, empleo formal y condiciones de vida.

El desafío, según los especialistas, no pasa solo por mejorar los indicadores agregados, sino por atacar los factores estructurales que sostienen la desigualdad: informalidad, baja productividad y segmentación del mercado laboral.

Redaccion

Al Sur Noticias

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