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Guerra comercial sin tregua: Trump endurece el pulso con Pekín por las tierras raras tras el revés electoral

El gobierno de Washington intensifica la presión sobre el gigante asiático para exigir el cumplimiento del pacto de Busan, en medio de crecientes tensiones geopolíticas por el control de minerales críticos para la industria tecnológica y de defensa.

El tablero geopolítico global vuelve a agitarse. Tras sufrir un revés político en las recientes elecciones de medio término (midterms), la administración de Donald Trump ha decidido redoblar la apuesta en su disputa comercial y estratégica con China. El epicentro de este nuevo cortocircuito diplomático gira en torno a un recurso tan escaso como vital: el suministro de tierras raras, insumos indispensables para la fabricación de tecnología avanzada, componentes aeroespaciales y sistemas de defensa.

El trasfondo del conflicto: el pacto de Busan en la cuerda floja

La tensión actual no surge en el vacío. Desde Washington, la exigencia hacia Pekín es clara y directa: exigen que se cumplan los acuerdos comerciales alcanzados a finales del año pasado en la cumbre de Busan.

Sin embargo, las fricciones persisten. Fuentes cercanas a las negociaciones señalan que el flujo de materiales no se ha normalizado al ritmo esperado, lo que mantiene en alerta roja a los mercados internacionales y a las principales potencias industriales de Occidente.

Las tierras raras se han consolidado como el arma geopolítica más efectiva de Pekín y el talón de Aquiles de la cadena de suministro global de alta tecnología.

Tierras raras: el principal punto de fricción entre Washington y Pekín

El suministro de tierras raras se convirtió en uno de los principales instrumentos de presión dentro de la disputa comercial entre ambas potencias.

Estos minerales son indispensables para numerosas industrias, desde la fabricación de motores de aviones y dispositivos electrónicos hasta el desarrollo de sistemas de defensa y misiles. Su importancia estratégica se explica, además, por el peso de China en las distintas etapas de producción y procesamiento a escala global.

En septiembre, funcionarios estadounidenses habían advertido que Pekín solamente estaba cumpliendo alrededor de dos tercios de los compromisos asumidos en Busan respecto del suministro de estos materiales.

Según personas familiarizadas con las negociaciones, China tampoco habría incrementado sus entregas después de que Bessent planteara sus inquietudes directamente a He Lifeng durante un encuentro en Nueva York.

Uno de los aspectos que más preocupa a Washington son las restricciones chinas a las exportaciones de itrio hacia Japón. Este elemento resulta fundamental para distintas aplicaciones industriales y militares, mientras que Japón es un proveedor relevante de componentes utilizados en productos fabricados por empresas estadounidenses.

Sin embargo, el Gobierno chino rechazó las acusacionesde Estados Unidos y negó estar incumpliendo los compromisos establecidos.

Perspectivas económicas y el futuro de la relación bilateral

Acorralado en el plano político doméstico tras las midterms, el ala dura de la administración busca demostrar firmeza en el plano exterior para evitar una pérdida de liderazgo en la pulseada tecnológica frente a Pekín.

La falta de garantías en el abastecimiento de minerales estratégicos amenaza con recalentar la cadena de costos globales y reavivar una guerra comercial de proporciones imprevisibles, donde el dominio de los recursos del futuro decidirá la hegemonía económica de las próximas décadas.

Redaccion

Al Sur Noticias

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