La informalidad laboral afecta más a los independientes y Río Gallegos muestra una fuerte brecha interna
El último informe de la Secretaría de Trabajo reveló que en Río Gallegos más del 58% de sus trabajadores independientes no tienen cobertura.
Por Irene Stur
La informalidad laboral sigue siendo uno de los principales desafíos del mercado de trabajo argentino. Según los datos del segundo trimestre de 2025, el 43,2% de los trabajadores del país se desempeña de manera informal, con una marcada diferencia entre asalariados e independientes.
Mientras que el 37,7% de los asalariados no está registrado, entre los trabajadores por cuenta propia la informalidad asciende al 57,1%, mostrando que este sector es el núcleo más vulnerable del empleo en Argentina.
En este contexto, Río Gallegos se destaca por tener una de las tasas de informalidad total más bajas del país (28,3%), impulsada por un mercado laboral asalariado mayoritariamente formalizado, donde solo el 24,8% trabaja sin registro.

Una brecha que profundiza la desigualdad
Sin embargo, la situación cambia drásticamente entre los trabajadores independientes: el 58,5% opera en la informalidad, un nivel incluso superior al promedio nacional. Esta brecha interna evidencia que, pese a su buen desempeño general, la ciudad enfrenta un problema estructural en el sector autónomo, donde predominan actividades de baja escala y pocas posibilidades de formalización.
El contraste también se observa dentro de la región patagónica, donde aglomerados como Ushuaia o Neuquén presentan menor informalidad independiente. La situación en Río Gallegos revela la necesidad de políticas que apunten directamente a fortalecer al segmento independiente, mejorar su acceso a la formalización y reducir la vulnerabilidad social asociada.
El desglose del informe del Ministerio de Trabajo es el siguiente:
1. El mercado laboral argentino: informalidad como expresión de una estructura económica frágil
En el total de los aglomerados urbanos, la informalidad asciende a 43,2%, cifra que revela la dificultad histórica de la economía argentina para generar empleo de calidad de manera sostenida.
La diferencia entre asalariados e independientes es una señal clara del problema de fondo:
- Asalariados informales: 37,7%
- Independientes informales: 57,1%
Este último dato es clave: la elevada informalidad independiente refleja la existencia de una masa importante de trabajadores que se autoemplean por necesidad, sin acceso a capital, crédito, tecnología o mercados grandes que permitan formalizar su actividad. En términos económicos, esto indica baja productividad, mercados saturados y dificultad para sostener emprendimientos formales. En términos sociales, implica mayor vulnerabilidad, ingresos inestables y falta de protección social.
2. Río Gallegos: alta formalidad asalariada, pero precariedad entre los autónomos
Río Gallegos se inserta de manera particular en este escenario. La ciudad presenta:
- 28,3% de informalidad total (una de las más bajas del país),
- 24,8% de informalidad asalariada (también baja),
- 58,5% de informalidad independiente (por encima del promedio nacional).

Este contraste revela una doble estructura económica-laboral:
a. Un sector asalariado formalizado y relativamente protegido
Fenómeno explicado por factores económicos:
- Fuerte presencia del empleo público, que en ciudades patagónicas tiene un rol central como sostén del empleo formal.
- Empresas del sector energético y de servicios regulados, que suelen tener planteles registrados y salarios más altos.
- Mercado laboral menos competitivo, donde el empleo registrado tiene mayor peso relativo.
Desde el punto de vista social, esto genera estabilidad y acceso a derechos laborales para una parte significativa de la población.
b. Un sector independiente precarizado y vulnerable
Aquí la informalidad supera el 58%, lo que refleja:
- Emprendimientos pequeños y de baja escala (oficios, servicios personales, comercio barrial).
- Altos costos de formalización en relación con los ingresos, especialmente en zonas donde el costo de vida es elevado, como la Patagonia.
- Dificultades para acceder a programas, créditos o herramientas para sostener un negocio formal.
- Mercado local reducido, que limita el potencial de crecimiento.
Socialmente, este segmento es el que más riesgos enfrenta: ingresos inestables, falta de jubilación, ausencia de cobertura ante accidentes o enfermedades.

3. Comparación regional: la Patagonia formaliza, pero no iguala
La Patagonia es, en promedio, una de las regiones con menor informalidad del país. Pero la diferencia entre asalariados e independientes persiste:
- Ushuaia y Río Grande: 13,4% de informalidad asalariada pero 40,3% en independientes.
- Neuquén y Plottier: 16,6% y 51,0%.
- Río Gallegos: 24,8% y 58,5%.
Esto muestra que incluso en territorios con mayor ingreso per cápita, mejor empleo industrial o estatal y mercados laborales más robustos, los trabajadores autónomos siguen quedando relegados. En términos socioeconómicos, esto significa que buena parte de la población que trabaja fuera del empleo formal queda al margen del principal motor de movilidad social ascendente: el empleo de calidad.
4. Factores económicos y sociales que explican la informalidad
a. Productividad y estructura del tejido productivo
Las regiones con mayor concentración de actividades industriales, energéticas o estatales tienden a tener más empleo formal. Allí donde predomina el sector servicios de baja escala, la informalidad independiente crece.
b. Distribución del ingreso
En ciudades donde el ingreso promedio es bajo o muy desigual, la formalización se vuelve más costosa y menos accesible para pequeños trabajadores.
c. Rol del Estado
El empleo público opera como un estabilizador social. En la Patagonia, su importancia explica parte de la baja informalidad asalariada.
d. Barreras socioeconómicas a la formalización
La informalidad independiente no solo es económica —también es social:
- desconocimiento de regímenes simplificados;
- baja bancarización;
- inestabilidad en la demanda;
- falta de redes de comercialización;
- costos administrativos.
e. Brechas territoriales
En zonas donde el mercado laboral es pequeño, cualquier caída de la actividad obliga a muchos a refugiarse en el autoempleo informal.

5. Río Gallegos: un caso que refleja las tensiones del modelo patagónico
Río Gallegos combina:
- un mercado formalizado y estable para los asalariados,
- y un sector independiente frágil y expuesto,
lo cual genera una dualidad que condiciona el desarrollo local.
Desde un punto de vista económico-social, esto implica:
- Desigualdad interna entre sectores formales —con buenos salarios y estabilidad— y sectores informales —con ingresos fluctuantes y menor acceso a derechos.
- Dependencia del empleo estatal, que hace al mercado laboral más estable pero también más rígido.
- Riesgos de vulnerabilidad futura, dado que quienes hoy trabajan informalmente no generan aportes jubilatorios ni acceden a protección ante contingencias.
Decisiones económicas y sociales que faltan
La informalidad, especialmente la independiente, no se resolverá solo con incentivos tributarios o controles. Se necesitan políticas económicas que:
- fortalezcan la productividad local;
- amplíen las oportunidades para emprendimientos formales;
- diversifiquen el tejido productivo;
- faciliten el acceso a crédito, capacitación y mercados.
Y políticas sociales que:
- garanticen cobertura y protección a trabajadores que hoy están fuera del sistema;
- reduzcan las barreras de ingreso a la formalidad;
- aborden la informalidad no como un incumplimiento, sino como un síntoma de desigualdad estructural.
Río Gallegos es un ejemplo claro de esa tensión: una ciudad con baja informalidad total, pero con un sector independiente que sigue siendo el eslabón más débil del mercado laboral.
