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Guerra en Medio Oriente: oportunidad para Argentina, pero con impacto en dólares, fertilizantes y fletes

El conflicto global mejora el atractivo de Argentina como proveedor energético, pero genera presión macroeconómica, suba de fertilizantes y encarece exportaciones.


Un nuevo escenario geopolítico

La guerra en Medio Oriente impacta en la economía global por la interrupción de rutas clave como el estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura energética.

En ese contexto, Argentina gana relevancia estratégica por sus recursos en Vaca Muerta, la producción agrícola y el potencial minero, al posicionarse como proveedor fuera de zonas de conflicto.

El especialista Roberto Carnicer advirtió que los ataques a nodos energéticos centrales pueden generar desabastecimiento y una “carrera entre compradores”, lo que refuerza el valor de diversificar fuentes de suministro.


Impacto macroeconómico: más riesgo y menor financiamiento

El primer canal de impacto es macroeconómico. El economista Jorge Vasconcelos señaló que, si el conflicto se prolonga, podría derivar en un escenario de estanflación global y menor acceso al financiamiento.

“Estamos en etapa de siembra, no de cosecha”, afirmó, al advertir que el contexto internacional vuelve más adverso el mercado de capitales para economías como la argentina.

Además, el alto riesgo país —por encima de 600 puntos— y tasas internacionales elevadas presionan sobre el costo del crédito y aumentan las expectativas de devaluación.

El economista Jorge Vasconcelos.

Fertilizantes más caros y presión sobre el agro

El segundo impacto clave se da en los fertilizantes, especialmente la urea, insumo central para cultivos como trigo y maíz.

Argentina importó 4,1 millones de toneladas en 2025, de las cuales 2,1 millones fueron de urea, con cerca del 40% proveniente de Medio Oriente.

Tras el inicio del conflicto, el precio de la urea subió hasta 42%, pasando de USD 483 a USD 685 por tonelada. Esto encarece los costos del agro y complica decisiones productivas.

El analista Javier Preciado Patiño explicó que los importadores enfrentan el dilema entre validar precios altos o esperar una normalización que hoy parece poco probable.


Riesgo productivo y cambios en la siembra

El encarecimiento de insumos podría modificar decisiones productivas. Si la urea se mantiene cara, productores podrían reducir su uso o reemplazar cultivos como maíz por soja o girasol, que requieren menos fertilización.

A pesar de buenas condiciones climáticas, el aumento de costos genera incertidumbre y puede afectar los niveles de inversión y productividad.


Fletes más caros y pérdida de competitividad

El tercer impacto se observa en los fletes internacionales, con subas de entre 40% y 50% tras el conflicto.

El analista Matías Contardi advirtió que esto actúa como un “ancla” para las exportaciones: aunque Argentina sea competitiva en producción, el mayor costo logístico encarece el precio final.

Dado el perfil exportador del país —con una producción estimada en 156 millones de toneladas frente a un consumo interno de 40 millones—, el efecto se traslada al mercado local.


Una oportunidad con riesgos

El escenario combina oportunidades estructurales con desafíos inmediatos. Mientras el país puede consolidarse como proveedor global de energía y alimentos, enfrenta presiones en costos, financiamiento y competitividad.

La evolución del conflicto será determinante para definir si predomina el potencial de crecimiento o el impacto negativo en la economía local.

Fuente: Infobae

Redaccion

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