Inflación en pausa: analistas suben proyecciones por tarifas, alimentos y contexto global
La desaceleración se frenó en el arranque del año y el mercado ya ajusta al alza sus previsiones, con una dinámica de precios que sigue mostrando resistencia.
La inflación volvió a mostrar rigidez en los primeros meses del año y obligó a las consultoras a revisar sus estimaciones para 2026. El freno en la desaceleración responde a una combinación de factores: subas en alimentos —especialmente la carne—, ajustes en tarifas y combustibles, y un contexto internacional que presiona sobre los costos energéticos.
El freno en la desaceleración
El índice de precios se ubicó en torno al 3% mensual en marzo, con impulso de los precios regulados y de alimentos. La suba de combustibles, en parte vinculada al encarecimiento del petróleo por la guerra en Medio Oriente, explicó buena parte de la aceleración reciente.
A esto se sumó el comportamiento de la carne, que volvió a presionar sobre el rubro alimentos, y los ajustes en tarifas, en un proceso de recomposición de precios relativos.

El impacto del contexto internacional
El conflicto en Medio Oriente introdujo un nuevo canal de presión inflacionaria a través del precio del petróleo. Ese impacto no se limita al surtidor: se traslada a toda la cadena productiva vía logística, transporte y costos industriales.
Además, el encarecimiento de insumos derivados —como plásticos utilizados en packaging— amplifica el efecto sobre los precios finales, generando aumentos de segunda ronda.
La inercia, el núcleo del problema
Más allá de los shocks puntuales, los analistas coinciden en que el principal obstáculo para una baja sostenida es la inercia inflacionaria, especialmente en el rubro servicios.
Este componente mantiene un “piso” difícil de perforar, incluso en un contexto de menor emisión monetaria y tipo de cambio estable, lo que explica por qué la inflación núcleo se sostiene cerca del 3% mensual.

Proyecciones en alza
Las estimaciones para 2026 fueron corregidas significativamente. Proyecciones que a comienzos de año se ubicaban en torno al 20% anual ahora se ajustan hacia niveles cercanos o superiores al 30%.
Algunas consultoras ubican el rango entre 28% y 33%, en función de la evolución de variables clave como el precio del petróleo, las tarifas y los alimentos.
Qué puede pasar en los próximos meses
Para el corto plazo, se espera que la inflación se mantenga por encima del 2,5% mensual, con posibilidad de moderación si se estabilizan los precios internacionales y se desaceleran los alimentos.
Sin embargo, el escenario sigue condicionado por factores externos y por la dinámica interna de precios relativos. Aun con una tendencia descendente, el nivel general se mantendría elevado en términos anuales.
Un equilibrio frágil
El panorama inflacionario combina señales mixtas. Por un lado, el orden fiscal, la estabilidad cambiaria y la absorción de liquidez actúan como anclas. Por otro, la inercia, los ajustes pendientes y los shocks externos sostienen la presión sobre los precios.
El resultado es un escenario de desinflación más lenta de lo previsto, donde la baja existe, pero pierde velocidad y obliga a recalibrar expectativas.
