Acuerdo clave entre cámaras y SOMU destraba la zafra 2025 del langostino
Luego de un extenso conflicto gremial, el sector pesquero congelador alcanzó un acuerdo con el SOMU que permite reactivar la temporada de langostino, recuperar la operatoria y avanzar hacia una mayor previsibilidad laboral y económica.
El sector langostinero congelador logró salir del parate que lo mantenía inmovilizado desde hace meses tras alcanzar un acuerdo salarial y operativo con el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU). La firma del entendimiento se concretará este viernes en Buenos Aires, y marca un punto de inflexión en una crisis que había escalado hasta el plano político nacional.

Los principales puntos del acuerdo
El entendimiento establece un nuevo esquema de distribución de ingresos bajo el formato 70/30 (no remunerativo/remunerativo), una reducción del 9% sobre el total del recibo (incluyendo fijos y producción), y un compromiso de revisión para 2026, mediante el rearmado consensuado del Convenio Colectivo de Trabajo.
Desde el sector empresarial, destacaron que el esfuerzo colectivo fue clave: “Bancamos muchas mareas sin salir y destacamos por sobre todo la unidad de cada grupo empresario, que hizo posible llegar a este acuerdo”, expresó un referente del segmento congelador tangonero. También reconoció la actitud del SOMU, que permitió cerrar el conflicto sin agravar la situación productiva.
Clima de entendimiento generalizado
Este acuerdo se suma a los previamente alcanzados con SICONARA y Capitanes, y configura un nuevo orden sectorial tras semanas de paralización. Aunque el Sindicato Marítimo de Pescadores (SIMAPE) no adherirá formalmente, dejó claro que no obstaculizará las zarpadas desde Mar del Plata, lo que es interpretado como un gesto institucional para preservar la paz social.
Mejora del entorno económico
El nuevo contexto macroeconómico también juega a favor del sector: la reducción de costos laborales se combina con un tipo de cambio exportador más competitivo y una mejora en la paridad euro–dólar, que pasó de 1,04 a 1,157, haciendo que el producto argentino sea más barato en el mercado europeo. Esto le otorga al sector un diferencial clave para reposicionarse internacionalmente.
Un camino hacia la previsibilidad
El acuerdo, más que una victoria de una parte sobre otra, es leído como una conquista colectiva en pos de sostener la actividad, resguardar empleos y proyectar una operatoria más sustentable. Tras superar uno de los desafíos gremiales más duros de los últimos tiempos, las partes parecen haber encontrado una fórmula que conjuga responsabilidad, diálogo y competitividad.
Fuente: Pescare
