La guerra amenaza dos rutas clave del petróleo y crece el riesgo de una crisis energética global
La escalada entre Estados Unidos e Irán suma un nuevo foco de tensión con el posible bloqueo del estrecho de Bab al-Mandeb. Si se combina con las restricciones en Ormuz, gran parte del petróleo del golfo Pérsico podría quedar sin salida hacia los mercados internacionales.
Dos cuellos de botella ponen en alerta al mercado petrolero
La escalada militar entre Estados Unidos e Irán incorporó un nuevo factor de riesgo para el mercado energético mundial: la posible interrupción simultánea del estrecho de Ormuz y del corredor del Mar Rojo, a través del estrecho de Bab al-Mandeb.
La situación se agravó luego de que los hutíes de Yemen anunciaran un bloqueo naval contra Arabia Saudita en el paso que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, una de las principales rutas para el comercio internacional de petróleo.
Bab al-Mandeb, una vía estratégica para las exportaciones
El estrecho de Bab al-Mandeb constituye una pieza clave para el transporte de crudo desde Medio Oriente hacia Europa y otros mercados a través del canal de Suez.
Además, Arabia Saudita utiliza el oleoducto Este-Oeste para trasladar petróleo desde el complejo de Abqaiq hasta el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo, precisamente como alternativa al estrecho de Ormuz.
Un eventual bloqueo en Bab al-Mandeb dejaría sin efecto esa vía de escape, reduciendo significativamente la capacidad de exportación del principal productor de la OPEP.

El petróleo podría superar los US$120 por barril
La posibilidad de que ambas rutas permanezcan restringidas ya comenzó a impactar sobre las expectativas del mercado.
Según estimaciones de Goldman Sachs, el precio internacional del petróleo podría alcanzar los US$120 por barril si las interrupciones se prolongan y el estrecho de Ormuz continúa cerrado, tal como advirtió la Guardia Revolucionaria iraní.
El banco señaló además que los flujos de petróleo provenientes del golfo Pérsico se ubican actualmente por debajo del 45% de los niveles previos al conflicto, modificando por completo las previsiones de exceso de oferta que existían semanas atrás.
Ormuz continúa bajo fuerte presión militar
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz continúa siendo escenario de enfrentamientos entre las fuerzas iraníes y Estados Unidos.
Durante las últimas horas, la Guardia Revolucionaria reivindicó nuevos ataques con drones y proyectiles contra embarcaciones vinculadas a intereses estadounidenses y contra instalaciones militares ubicadas en Jordania, Bahréin y Kuwait.
También se reportaron daños sobre infraestructura estratégica:
- Instalaciones petroleras y una planta de generación eléctrica y desalinización en Kuwait.
- Sistemas de navegación aérea civil en Bahréin.
- Ataques contra buques cisterna que operaban en la zona, incluidos navíos asociados a Qatar y Arabia Saudita.
Estados Unidos intenta sostener el tránsito comercial
Por su parte, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que continúa desarrollando operaciones militares contra centros de mando, capacidades marítimas y sistemas de defensa aérea iraníes con el objetivo de reducir la capacidad ofensiva de Teherán sobre las rutas comerciales.
Las autoridades estadounidenses señalaron que, desde mayo, facilitaron el tránsito de aproximadamente 900 buques y 450 millones de barriles de petróleo por el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, tras la ruptura del entendimiento entre ambos países y el recrudecimiento de las hostilidades, el volumen de tránsito cayó de forma considerable y el corredor permanece bajo un escenario de elevado riesgo para la navegación internacional.
Crece la preocupación por el abastecimiento mundial
La posibilidad de que el petróleo del golfo Pérsico quede condicionado simultáneamente por las restricciones en Ormuz y Bab al-Mandeb representa uno de los mayores riesgos para el comercio energético desde el inicio del conflicto.
Los mercados siguen de cerca la evolución de ambos corredores marítimos, ya que cualquier interrupción prolongada podría afectar el abastecimiento global, incrementar los costos logísticos y profundizar la presión sobre los precios internacionales de la energía.
