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Fin del monopolio y nuevas inversiones: el debate económico y político que sacude a El Calafate

Manuel Tobías Lynch alzó la voz contra la concentración histórica de los negocios turísticos en la Península de Magallanes. Defendió la apertura a nuevos desarrollos bajo estrictos controles ambientales y recordó que el máximo tribunal ya marcó un límite a las restricciones indefinidas sobre la propiedad privada.

El vertiginoso crecimiento turístico de El Calafate esconde desde hace décadas una trama de tensiones económicas y políticas vinculadas a quiénes tienen la potestad de explotar su codiciado territorio. En medio de la discusión por el futuro de la Península de Magallanes, Manuel Tobías Lynch -integrante de una familia tradicional con arraigo histórico en la zona– puso el foco en el costado menos explorado del conflicto: la concentración histórica de los negocios en un puñado de actores y la necesidad imperiosa de abrir el juego a nuevas inversiones privadas.

Para el referente local, la disputa ambiental que hoy acapara la agenda esconde, en el fondo, una pulseada por la renta y por la distribución de las oportunidades comerciales en la región.

Un modelo turístico monopólico bajo la lupa

Durante una entrevista radial, Lynch fue contundente al calificar el esquema que rigió el desarrollo del destino durante años. Según su perspectiva, determinados sectores empresariales estrechamente vinculados al poder político se beneficiaron sistemáticamente con obra pública, concesiones y grandes oportunidades comerciales, mientras que el resto de los propietarios históricos sufrieron un bloqueo permanente para poner en valor sus tierras.

– La concentración de la oferta: el principal cuestionamiento apunta a que un grupo reducido de operadores acaparó los beneficios económicos del turismo en la región (“se quedaban con todo”, graficó).

– El objetivo central: para el referente, la prioridad de la agenda económica local debe ser “ampliar la oferta y los oferentes del turismo”, permitiendo que más actores compitan en igualdad de condiciones.

El factor judicial: el antecedente clave de la Corte Suprema

La discusión sobre el dominio y el uso de las tierras en la Península de Magallanes no es nueva, cuenta con sólidos mojones en el plano jurídico. Al respecto, Lynch recordó que el máximo tribunal del país ya se pronunció sobre la materia al cuestionar las limitaciones que asfixiaron a los propietarios particulares durante años.

Los fallos emitidos el 18 de noviembre de 2021 por la Corte Suprema de Justicia de la Nación -en causas resonantes como Coihue S.R.L. c/ Santa Cruz y Apen Aike S.A.– consideraron arbitrario mantener congeladas las posibilidades de subdivisión y desarrollo productivo bajo la excusa de una falta de régimen definitivo de manejo por parte del Estado provincial. Para el especialista, aquellos pronunciamientos marcaron un límite constitucional: las restricciones al derecho de propiedad deben atenerse estrictamente a criterios de razonabilidad y proporcionalidad, clausurando la puerta a prohibiciones de carácter indefinido.

Desarrollo sustentable: controles rigurosos sin prohibiciones eternas

Lejos de propiciar un avance inmobiliario sin planificación ni resguardo ecológico, el planteo de Lynch aboga por una coexistencia madura entre la actividad económica y la preservación ambiental. El referente insiste en que las reglas deben ser claras, transparentes y aplicadas por igual para todos los inversores, contemplando estudios de impacto ambiental previos y una fiscalización activa por parte del Estado.

En esa misma línea de equilibrio normativo se inscribe la reciente decisión del Gobierno provincial. A través del Decreto Provincial Nº 0915/2026, se exceptuó con carácter estrictamente excepcional la operación vinculada al Master Plan Ecocentro, una iniciativa que ya contaba con su respectiva Declaración de Impacto Ambiental emitida en 2024 y que ahora quedó sujeta al riguroso control territorial del Consejo Agrario Provincial.

Para Lynch, la excepcionalidad de esta medida no debe ser una puerta giratoria cerrada para unos pocos, sino el puntapié inicial para que otros propietarios que cumplan con las exigencias de conservación puedan también desarrollar sus proyectos.

Hacia una matriz económica más abierta y federal

El debate desatado en la Península de Magallanes trasciende con creces a un proyecto comercial específico; desnuda el modelo económico con el que El Calafate proyecta su futuro. La crítica a las décadas de concentración de negocios interpela directamente a la dirigencia política y empresaria sobre la necesidad de diversificar el mercado.

La hoja de ruta que propone este sector combina seguridad jurídica, preservación ambiental efectiva y democratización de las inversiones. En definitiva, el desafío político e institucional para la región pasa por garantizar que el turismo siga siendo el motor de la economía santacruceña, pero bajo un esquema equitativo donde las reglas del juego dejen de ser un privilegio de pocos para convertirse en una oportunidad de desarrollo federal.

Redaccion

Al Sur Noticias

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