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El mercado laboral se debilita y las familias agotan las estrategias para llegar a fin de mes

La caída de los ingresos y del empleo formal impulsa el pluriempleo, las changas y el endeudamiento, mientras crece la morosidad de los hogares.

Los bajos ingresos y la menor generación de empleo formal están llevando a más integrantes de los hogares argentinos a buscar nuevas fuentes de ingresos. Sin embargo, la economía no genera suficientes oportunidades para absorber esa mayor oferta laboral y las estrategias utilizadas para sostener el consumo comienzan a mostrar límites.

Ante este escenario, las familias recurren cada vez más a changas, segundas ocupaciones y trabajo informal, mientras que el crédito bancario y de las fintech aparece como una alternativa para cubrir gastos corrientes. El problema es que el aumento de las tasas de interés y de la morosidad también empieza a restringir esa vía de financiamiento.

Según un informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), el mercado laboral argentino se encuentra “saturado”. El salario promedio de un trabajador privado es actualmente 14% inferior al de hace una década, mientras que la pérdida alcanza el 24% cuando se considera el ingreso disponible después de afrontar los gastos fijos.

Entre los trabajadores del sector público, el deterioro es todavía mayor: desde 2017 perdieron aproximadamente un tercio de su poder adquisitivo.


Más personas buscan trabajo, pero no encuentran suficientes oportunidades

La necesidad de generar mayores ingresos lleva a que más miembros de las familias se incorporen al mercado laboral y que quienes ya tienen un empleo busquen una segunda ocupación.

Esta situación se refleja en la tasa de actividad, que alcanzó un récord de 48,6% en el primer trimestre de 2026.

Sin embargo, el incremento de la cantidad de personas dispuestas a trabajar no encuentra un correlato equivalente en la demanda de las empresas. Para el Cetyd, el problema central es el desacople entre la cantidad de trabajadores disponibles y las necesidades de una estructura productiva que genera pocos puestos de trabajo.

La economía, además, presenta comportamientos muy diferentes según el sector. Mientras avanzan actividades con un fuerte componente de capital, como el agro, la minería y la energía, retroceden sectores tradicionalmente más intensivos en mano de obra, como la construcción, la industria y el comercio.

Esto reduce la capacidad de la economía para absorber a una población que necesita incrementar sus ingresos.


Más horas disponibles, pero menos trabajo suficiente

Ante la falta de oportunidades, el mercado laboral termina ajustando principalmente a través de las horas trabajadas.

El resultado es un aumento de la subocupación: personas que tienen un empleo, pero trabajan menos horas de las que necesitan o desean.

El problema se vuelve doble. Por un lado, esos trabajadores tienen menos horas remuneradas; por otro, suelen insertarse en actividades de menor productividad y con ingresos más bajos.

En este grupo tienen un peso importante la informalidad y el cuentapropismo, modalidades que muchas veces se traducen en trabajos ocasionales o “changas”.

Los datos de Politikon Chaco muestran esta transformación. Durante el primer trimestre de 2026, el empleo formal se redujo en 156.786 puestos respecto del mismo período de 2025.

La caída alcanzó tanto a los asalariados como a los cuentapropistas registrados.

En cambio, el sector informal incorporó 379.708 personas, impulsado principalmente por el crecimiento de los cuentapropistas informales, que sumaron 214.468 trabajadores.


El empleo registrado pierde dinamismo

La dificultad para acceder a un puesto formal también queda reflejada en la tasa de entrada al empleo privado registrado.

Según CP Consultora, ese indicador se encuentra en niveles mínimos históricos. Los registros de junio de 2026 son comparables con los observados durante 2002, al comienzo de la gestión de Javier Milei y durante la crisis de 2018-2019.

El deterioro del mercado laboral genera así una presión adicional sobre los hogares: quienes no consiguen incrementar sus ingresos mediante un empleo formal deben recurrir a actividades independientes, trabajos informales o fuentes de financiamiento.


El crédito se convirtió en una herramienta para sostener el consumo

Ante la dificultad para generar ingresos suficientes, el endeudamiento familiar comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante.

El Cetyd señaló que, frente a la imposibilidad de obtener ingresos adecuados mediante el trabajo, el crédito aparece como una de las últimas alternativas disponibles para sostener los gastos cotidianos.

En abril, el saldo de crédito otorgado por el sistema bancario a las familias fue 77% superior en términos reales al registrado en noviembre de 2023.

El financiamiento otorgado por proveedores no financieros a personas, además, se duplicó durante el mismo período.

El crecimiento fue particularmente fuerte en los préstamos personales, más vinculados al pago de gastos corrientes e imprevistos que a la adquisición de bienes durables.

En abril, el saldo real de estos préstamos se ubicó 176% por encima de noviembre de 2023.


La deuda empieza a pesar sobre los ingresos

El mayor acceso al crédito también incrementó el peso de las obligaciones financieras sobre los ingresos.

En abril, los pagos de capital e intereses representaron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales.

Al mismo tiempo, la cartera irregular del sistema financiero aumentó de manera sostenida desde noviembre de 2023 y creció a un ritmo incluso superior al del endeudamiento.

En abril, la cartera irregular se encontraba 349% por encima del nivel registrado al inicio del período.

El deterioro es especialmente visible en los instrumentos utilizados para afrontar gastos cotidianos. La mora de las tarjetas de crédito se multiplicó por más de siete, mientras que los préstamos personales registraron un incremento de 258% en sus niveles de irregularidad.


Un límite para las estrategias de los hogares

La combinación de salarios debilitados, menor empleo formal, subocupación, informalidad y endeudamiento configura un escenario en el que las familias disponen de cada vez menos herramientas para compensar la pérdida de ingresos.

Primero aparece la incorporación de más miembros del hogar al mercado laboral. Después llegan las segundas ocupaciones, las changas y el cuentapropismo. Cuando esas alternativas no alcanzan, el crédito permite sostener temporalmente el consumo.

Pero el aumento de las tasas y, sobre todo, de la morosidad, muestra que esa última estrategia también comienza a encontrar un límite.

El problema deja de ser únicamente cuánto gana cada trabajador y pasa a involucrar la capacidad de la economía para crear empleos suficientes, recuperar el poder adquisitivo y generar ingresos que permitan sostener los gastos sin recurrir de manera creciente al endeudamiento.

Redaccion

Al Sur Noticias

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