Cierran más de 30.000 empresas, pero el desempleo no se dispara: qué está pasando con el trabajo en Argentina
Desde noviembre de 2023 desaparecieron 30.633 empleadores registrados y se perdieron más de 411.000 puestos formales. Sin embargo, la tasa de desempleo se mantiene relativamente estable. Economistas explican cómo la informalidad y el cuentapropismo están modificando el mercado laboral argentino.
El mercado laboral argentino atraviesa una profunda transformación. Desde noviembre de 2023 hasta mayo de 2026, la cantidad de empleadores registrados cayó de 512.357 a 481.724, una pérdida de 30.633 empresas, según los datos recopilados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El ritmo equivale a unas 33,5 compañías menos por día.
El impacto fue especialmente fuerte entre las pequeñas y medianas empresas. El comercio encabezó la caída, con 8.408 empleadores menos, seguido por transporte y almacenamiento, con 6.733 bajas; servicios inmobiliarios, con 4.098; industria manufacturera, con 4.020; y servicios profesionales, científicos y técnicos, con 2.691.
Pero el dato que genera mayor debate aparece al observar qué ocurrió con los trabajadores.
Se perdieron más de 411.000 empleos formales
El número de trabajadores registrados también retrocedió de manera significativa. De acuerdo con la información citada por Noticias Argentinas, desde noviembre de 2023 se perdieron 411.611 empleos formales, al pasar de 9.857.173 a 9.445.560 trabajadores.
La reducción supera el 4 % y representa unos 450 puestos formales menos por día durante el período analizado.
Sin embargo, esa caída no se trasladó de manera proporcional a la tasa de desempleo. El último dato del INDEC ubicó el indicador en 7,8 % durante el primer trimestre de 2026, apenas 0,3 puntos porcentuales por encima del trimestre anterior y 0,1 puntos por debajo del mismo período de 2025.
La pregunta, entonces, es inevitable: si se pierden empresas y empleos registrados, ¿dónde están esos trabajadores?
La informalidad explica parte de la reconversión laboral
Una de las respuestas está en el cambio de modalidad de trabajo. El proceso no necesariamente implica que quienes pierden un empleo formal pasen directamente a engrosar las filas de los desocupados.
Según el análisis de Sebastián Menescaldi, economista y director de EcoGo, una parte importante de los trabajadores se trasladó hacia el cuentapropismo, principalmente informal. También existen movimientos hacia el empleo asalariado informal, el trabajo por cuenta propia registrado y otras categorías laborales.
La expansión de plataformas digitales y nuevas tecnologías también modificó las alternativas disponibles. Actividades como el reparto, el transporte mediante aplicaciones y la logística vinculada al comercio electrónico permiten incorporarse al mercado laboral con una inversión inicial relativamente baja.
De esta manera, el trabajador que pierde un puesto registrado puede continuar generando ingresos sin necesariamente aparecer como desempleado en las estadísticas.

El fenómeno golpea principalmente a las microempresas
El tamaño de las empresas que cerraron también resulta determinante para entender la evolución del empleo.
Según el informe del CEPA, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 cerraron 30.565 empresas de hasta 500 trabajadores. En cambio, entre las compañías con más de 501 empleados, la reducción fue de apenas 68 firmas.
La diferencia es relevante porque la mayoría de las compañías que desaparecieron son microempresas, con planteles reducidos.
El economista Marcelo Elizondo explicó que buena parte de esos puestos no necesariamente desaparece del mercado laboral, sino que migra de la formalidad hacia la informalidad. Según su estimación, las pérdidas de empleo formal asociadas a este proceso se ubicarían en torno de 200.000 a 250.000 puestos en las empresas más pequeñas.
Menos empleo registrado, pero no necesariamente más desocupación
El escenario muestra una diferencia importante entre dos indicadores que suelen analizarse conjuntamente: empleo formal y desempleo.
La caída del primero no se traduce automáticamente en un aumento equivalente del segundo porque las personas que abandonan un empleo registrado pueden pasar a otras categorías: trabajos informales, actividades independientes, changas o emprendimientos de pequeña escala.
Eso permite explicar por qué la tasa de desempleo permanece relativamente estable mientras disminuye el universo de trabajadores registrados.
El problema, sin embargo, no desaparece. Cambia de forma.
La pérdida de formalidad puede significar menor acceso a cobertura social, aportes jubilatorios, obra social, estabilidad laboral y otros derechos asociados al empleo registrado. Por eso, una tasa de desempleo que no se dispara no necesariamente implica una mejora de la calidad del mercado de trabajo.
El nuevo mapa laboral argentino
La transformación que atraviesa el empleo argentino combina varios fenómenos: cierre de empresas, reducción del trabajo asalariado formal, expansión del cuentapropismo e incremento de modalidades informales.
El resultado es un mercado laboral en el que la cantidad de personas sin empleo no crece al mismo ritmo que la pérdida de puestos registrados, precisamente porque una parte de los trabajadores encuentra alternativas por fuera de las estructuras tradicionales.
Los datos muestran así una paradoja: Argentina tiene menos empresas y menos empleo formal, pero no registra una disparada equivalente del desempleo.
La explicación está en la reconversión. Una parte de los trabajadores que deja las empresas no abandona el mercado laboral: cambia de categoría, de actividad o de nivel de protección.
El desafío hacia adelante será determinar si esa transformación representa una transición hacia nuevas formas de empleo o, por el contrario, una creciente precarización del trabajo. Ese será uno de los principales indicadores para evaluar la verdadera dimensión del cambio que atraviesa el mercado laboral argentino.
