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Petróleo más caro y un nuevo mapa energético: las 10 claves de Andrés Malamud sobre Ormuz y el futuro de la Argentina

El politólogo Andrés Malamud planteó que el estrecho de Ormuz volverá a abrirse, pero difícilmente recupere su funcionamiento previo al conflicto. Según su análisis, el nuevo costo del transporte de crudo podría instalarse de manera permanente y modificar el escenario energético global.

El conflicto en Medio Oriente dejó una consecuencia que podría extenderse mucho más allá de la reapertura del estrecho de Ormuz: un aumento estructural del costo de transportar petróleo.

Esa fue una de las principales conclusiones que dejó Andrés Malamud durante su exposición en el XIX Foro Anual del Consejo Empresario de Entre Ríos, realizado en Paraná. Para el politólogo, el paso marítimo volverá a funcionar, pero el escenario previo difícilmente se recupere por completo.

Su hipótesis es contundente: Ormuz tendrá un “peaje”. En otras palabras, el costo adicional que genera la nueva situación geopolítica podría trasladarse de manera permanente al precio final del barril.

La diferencia es relevante. Una prima de riesgo asociada a una guerra puede desaparecer cuando finalizan las hostilidades. Un costo logístico permanente, en cambio, se incorpora al transporte y termina formando parte de la estructura de precios.

El precio del petróleo ya no depende solamente del costo de producción

Para Malamud, una de las claves para entender el nuevo escenario energético consiste en separar dos variables: cuánto cuesta extraer petróleo y cuánto cuesta llevarlo hasta el consumidor.

El segundo componente adquiere cada vez mayor importancia.

La disrupción del transporte marítimo demuestra que un barril puede ser relativamente barato en el yacimiento y, sin embargo, encarecerse significativamente cuando aumentan los riesgos, las distancias o los costos de las rutas alternativas.

Ese fenómeno tiene una consecuencia directa para países productores como Argentina. El desarrollo de Vaca Muerta puede incrementar la producción y las exportaciones de crudo, pero el precio que finalmente reciba el productor estará condicionado por las circunstancias del mercado internacional y por el costo de colocar ese petróleo en los distintos destinos.

La EIA proyecta un escenario diferente para el petróleo

El análisis de Malamud contrasta con las proyecciones oficiales de Estados Unidos.

La Administración de Información Energética (EIA) estimó que durante el segundo trimestre circularon por Ormuz apenas 4,9 millones de barriles diarios de crudo y líquidos, frente a los 21,6 millones registrados en el cuarto trimestre de 2025.

El impacto sobre el mercado también se reflejó en el Brent, que llegó a los USD 105 por barril el 23 de julio, después de haber tocado los USD 69 a comienzos de ese mes.

Sin embargo, la EIA contempla una progresiva normalización del mercado: proyecta un Brent promedio de USD 85 durante el tercer trimestre, USD 78 en el cuarto y USD 69 para todo 2027. Ese último valor coincide con el promedio registrado en 2025.

La diferencia entre ambos escenarios resulta central. Mientras la proyección oficial presupone una recuperación gradual de los flujos comerciales, Malamud advierte que la reapertura de Ormuz podría no significar el regreso a las condiciones anteriores.

Por qué Ormuz es prácticamente imposible de reemplazar

El estrecho de Ormuz ocupa una posición estratégica en el comercio energético mundial. Malamud lo ubicó entre los tres grandes pasos marítimos del planeta que no tienen un sustituto real de características equivalentes.

Existen alternativas, pero son más lentas, costosas y limitadas en capacidad.

Un ejemplo es el petróleo saudí. Parte del flujo que antes atravesaba Ormuz fue derivado hacia otras rutas, entre ellas el oleoducto Este-Oeste que conecta los campos del reino con el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo.

Durante el segundo trimestre, por Bab el-Mandeb circularon 8,1 millones de barriles diarios, por encima de los 5,4 millones previos al conflicto. El movimiento evidencia que el comercio puede adaptarse, pero también que esas soluciones tienen un costo económico.

Irán, el uranio y el origen de la tensión geopolítica

Otro de los ejes de la exposición estuvo vinculado con el programa nuclear iraní.

Malamud recordó que el nivel de enriquecimiento de uranio determina sus posibles usos. Según explicó, un enriquecimiento del 5 % resulta compatible con generación eléctrica, mientras que el 20 % puede utilizarse en investigación y el 90 % es el nivel asociado al desarrollo de armas nucleares.

Irán había alcanzado un nivel de enriquecimiento del 60 %, un punto que el politólogo consideró central para comprender la escalada del conflicto.

También repasó el antecedente del acuerdo nuclear de 2015, que limitaba el programa iraní a cambio del levantamiento de sanciones, y su posterior ruptura en 2017. Para Malamud, ese proceso resulta indispensable para entender cómo se llegó a la situación actual.

China, Rusia y los ganadores inesperados del conflicto

El escenario energético también modificó el equilibrio entre las grandes potencias.

Según el análisis presentado por Malamud, China logró amortiguar parte del impacto mediante sus reservas estratégicas de petróleo, mientras que Japón, Corea del Sur, India y Europa quedaron más expuestos al encarecimiento de la energía.

Rusia, por su parte, encontró una oportunidad para incrementar sus ventas de crudo y mejorar sus precios.

El caso de India es particularmente significativo. Washington había presionado a Nueva Delhi para reducir sus compras de petróleo ruso debido a las sanciones, pero la alteración del mercado energético obligó posteriormente a reconsiderar esa estrategia.

La conclusión del politólogo es que los conflictos internacionales pueden generar consecuencias económicas que terminan favoreciendo, de manera indirecta, a algunos de los países que las potencias occidentales buscan contener.

Petróleo ruso en tránsito marítimo

Estados Unidos y China avanzan hacia modelos energéticos diferentes

Otra de las definiciones de Malamud estuvo relacionada con la competencia entre Estados Unidos y China.

El politólogo presentó a Estados Unidos como una potencia asociada al petróleo y a China como un país que avanza aceleradamente hacia la electrificación.

Desde esa perspectiva, la ventaja de la electricidad no radica únicamente en cuestiones ambientales. También está relacionada con la seguridad energética: una economía electrificada depende menos de rutas marítimas estratégicas como Ormuz.

Para Argentina, esta transformación plantea una paradoja. El país tiene la posibilidad de convertirse en un exportador relevante de hidrocarburos gracias al desarrollo de Vaca Muerta, justamente cuando una de las principales potencias económicas del mundo avanza hacia una menor dependencia del petróleo.

Vaca Muerta y la oportunidad argentina frente al nuevo escenario

La situación internacional también puede generar oportunidades para Argentina.

El crecimiento de Vaca Muerta está aumentando la capacidad del país para producir y exportar petróleo. De hecho, el crudo ya se consolidó como uno de los principales productos de exportación argentinos. 

Pero la oportunidad no está exenta de riesgos.

Si el costo global del transporte de hidrocarburos aumenta, los productores argentinos deberán competir en un mercado donde la logística tendrá un peso creciente. La distancia respecto de los grandes centros de consumo puede convertirse en una desventaja si las rutas internacionales se vuelven más caras.

Al mismo tiempo, la estabilidad geopolítica relativa de América Latina puede convertirse en un activo para atraer inversiones.

La distancia de Argentina puede convertirse en una ventaja

Malamud planteó una lectura poco habitual sobre la ubicación geográfica argentina.

La distancia respecto de los principales focos bélicos puede dejar de ser solamente un problema logístico para transformarse en una ventaja estratégica.

En un mundo marcado por conflictos, interrupciones comerciales y tensiones entre grandes potencias, América Latina aparece como una de las regiones con menor exposición directa a guerras.

El desafío consiste en transformar esa estabilidad relativa en inversiones, infraestructura y desarrollo productivo.

Energía y minería, los dos grandes motores que identifica Malamud

Para el politólogo, el próximo ciclo económico argentino estará cada vez más vinculado con dos sectores: energía y minería.

El campo continuará siendo fundamental, pero su papel tenderá a estar más relacionado con la generación de divisas y la estabilidad económica que con la expansión estructural del país.

En paralelo, la explotación de minerales críticos y el desarrollo de hidrocarburos podrían modificar el mapa económico interno.

La Argentina podría avanzar hacia una estructura productiva más concentrada en el norte minero y el sur hidrocarburífero, desplazando el tradicional eje económico de la región central.

El desafío político detrás del boom de recursos naturales

El crecimiento de la minería y los hidrocarburos también plantea un problema federal.

Las provincias que concentran los recursos naturales podrían capturar una parte creciente de las inversiones y exportaciones, mientras que otros distritos quedarían más alejados de ese ciclo económico.

Malamud advirtió que esa transformación puede generar tensiones sobre la distribución territorial de los beneficios y los costos del crecimiento.

La discusión, por lo tanto, no se limita a cuánto petróleo o minerales puede producir Argentina. También involucra cómo distribuir la riqueza generada por esos recursos y qué infraestructura necesita el país para convertirlos en desarrollo sostenido.

Un nuevo mapa energético para Argentina

El mensaje central de la exposición fue que la geopolítica dejó de ser una cuestión distante para convertirse en una variable económica cotidiana.

El futuro del petróleo argentino no dependerá únicamente de cuánto pueda producir Vaca Muerta. También estará condicionado por las rutas marítimas, los conflictos internacionales, la transición energética y la demanda de las grandes economías.

La advertencia sobre Ormuz resume esa transformación: aunque el estrecho vuelva a abrirse, el mercado energético podría no volver a ser el mismo.

Para Argentina, el nuevo escenario combina una oportunidad histórica —por su capacidad para producir hidrocarburos y desarrollar mineríacon un desafío igualmente importante: aprovechar sus recursos antes de que el mundo avance hacia una matriz energética menos dependiente del petróleo.

Redaccion

Al Sur Noticias

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