De la docencia al campo: la historia del productor que echó raíces en Gobernador Gregores
Fabián Gabriel llegó desde Puerto San Julián para estudiar y terminó construyendo su vida en Gobernador Gregores. Tras jubilarse como docente agropecuario, continúa al frente de la chacra Los Grandotes junto a su familia, con producción de ajo y viveros de álamos y sauces. El acceso al agua de riego y el recambio generacional son claves para sostener el proyecto.
La historia de Fabián Gabriel refleja el esfuerzo de las familias que apuestan por la producción agropecuaria en Santa Cruz. Oriundo de Puerto San Julián, llegó a Gobernador Gregores con el objetivo de formarse profesionalmente, pero encontró mucho más que una oportunidad de estudio: allí construyó su hogar, desarrolló una extensa trayectoria como docente y consolidó un emprendimiento rural que sigue creciendo.
Junto a su esposa, Patricia Augustin, integrante de una familia con tradición productiva, puso en marcha la chacra Los Grandotes, un establecimiento en el que, durante más de dos décadas, exploraron distintas alternativas para generar trabajo e ingresos a partir de la tierra.
Hoy, ya jubilado de la docencia, Gabriel mantiene su actividad productiva con el cultivo de ajo y la producción de árboles en viveros forestales. Su experiencia también pone de relieve algunos de los desafíos que enfrenta el sector rural santacruceño, desde la disponibilidad de agua hasta los efectos de los fenómenos climáticos.
Producción agropecuaria en Santa Cruz: una historia de trabajo y adaptación
La trayectoria de Fabián está marcada por dos actividades que siempre estuvieron relacionadas: la educación y el trabajo rural.
Durante años se desempeñó como profesor técnico profesional agropecuario en la Escuela Agropecuaria de Gobernador Gregores. Mientras transmitía sus conocimientos a nuevas generaciones, también desarrollaba junto a su familia diferentes experiencias productivas.
“Siempre estuvimos produciendo. Pollos, lechones, conejos, hemos pasado por todo”, recordó al repasar las distintas etapas de la chacra.
La diversificación fue una constante en el establecimiento. A lo largo del tiempo, la familia trabajó con animales, cultivos hortícolas, frutillas y otras producciones que les permitieron adquirir experiencia y adaptarse a las condiciones de la actividad rural.
Esa capacidad de reinventarse resultó fundamental para sostener el emprendimiento frente a las dificultades y encontrar nuevas oportunidades de desarrollo.
Viveros de álamos y sauces: una apuesta productiva frente al viento patagónico
Actualmente, una parte importante del trabajo en Los Grandotes está concentrada en los viveros forestales y la producción de ajo.
En el área forestal, el establecimiento cultiva distintas variedades de álamos y sauces destinadas, entre otros usos, a la formación de cortinas forestales y reparos. Estas plantaciones cumplen una función relevante en una región donde los fuertes vientos condicionan tanto las actividades productivas como el desarrollo de otros cultivos.
Entre las variedades que trabajan se encuentran el álamo Carolina, el álamo criollo y diferentes tipos de sauces, incluidos híbridos y ejemplares conocidos como sauce eléctrico y 524.
Gabriel explicó que las características de cada especie determinan sus posibilidades de crecimiento y utilización. En ese sentido, destacó la rapidez de desarrollo de algunas variedades de sauce, que permiten generar protección en períodos relativamente cortos.
La producción requiere planificación, preparación del suelo, disponibilidad de agua y cuidados sostenidos durante varias temporadas. En la chacra trabajan con árboles de dos, tres y cuatro años, y algunos ejemplares pueden alcanzar entre 2,20 y 2,30 metros de altura a los dos años.
Además del crecimiento, el desarrollo de las raíces es determinante para asegurar la adaptación de los árboles después del trasplante. Por eso, la extracción de los ejemplares demanda técnicas y herramientas que permitan conservar la mayor cantidad posible de raíces.

El agua de riego, un factor clave para producir en Gobernador Gregores
El inicio de la temporada de riego representa uno de los momentos centrales del calendario agropecuario de Gobernador Gregores.
La apertura del sistema permite poner en marcha nuevas plantaciones y avanzar con tareas que dependen directamente de la disponibilidad de agua. Para los productores de la zona del valle del río Chico, este recurso resulta indispensable para sostener buena parte de la actividad.
“Ahora que están largando el agua, ya empieza la temporada de trabajo. Nosotros tenemos estaqueros, viveros, entonces empezamos con la plantación de los futuros arbolitos”, explicó Gabriel.
El riego también es fundamental para el cultivo de ajo, otra de las actividades que actualmente desarrolla la familia. Según detalló, la temporada suele extenderse desde octubre hasta mayo, período durante el cual deben organizar las distintas etapas de plantación, crecimiento y mantenimiento.
En Los Grandotes utilizan principalmente el riego por manto para los árboles y el ajo. En otras producciones, como las frutillas que cultivaron durante años, también incorporaron sistemas de goteo abastecidos desde tanques de agua.
La experiencia de la chacra evidencia el peso que tiene la infraestructura hídrica para la producción regional. La planificación de los cultivos y la continuidad del trabajo dependen, en gran medida, de contar con agua en los momentos necesarios.
Las dificultades del campo: pérdidas climáticas y nuevos proyectos
La historia productiva de Patricia y Fabián también estuvo atravesada por contratiempos.
Entre las experiencias que dejaron una marca en el emprendimiento se encuentra el cultivo de frutillas, una actividad que debieron reducir después de que una inundación destruyera la plantación.
Las pérdidas impidieron recuperar el nivel de producción que habían alcanzado y obligaron a replantear esa parte del proyecto familiar.
Sin embargo, la familia no abandonó la actividad rural. En cambio, buscó alternativas para continuar trabajando y reorganizar sus esfuerzos en función de las posibilidades productivas.
Actualmente, el ajo y los viveros forestales ocupan un lugar central en la chacra, mientras que las tareas de invernadero y la crianza de animales siguen formando parte del trabajo cotidiano, con una participación destacada de Patricia.
La experiencia muestra cómo los pequeños productores deben combinar conocimientos técnicos, inversión, trabajo familiar y capacidad de adaptación para enfrentar los riesgos propios de la actividad agropecuaria.
Recambio generacional: el futuro de la chacra Los Grandotes
La continuidad del emprendimiento también encuentra una oportunidad en la formación de las nuevas generaciones.
De los cinco hijos de Patricia y Fabián, dos eligieron carreras universitarias vinculadas con la producción agropecuaria. Uno está próximo a recibirse de ingeniero agrónomo, mientras que la hija menor cursa el segundo año de la carrera.
La posibilidad de que ambos se incorporen al proyecto familiar abre una nueva etapa para Los Grandotes, en la que la experiencia acumulada durante décadas podría complementarse con nuevos conocimientos profesionales.
Consultado sobre quién continuará al frente de la chacra cuando sus hijos terminen sus estudios, Gabriel respondió con humor y confianza: “Vamos a ir largando seguramente la batuta”.
El eventual recambio generacional representa una oportunidad para preservar el emprendimiento y sostener la actividad productiva, al tiempo que permite incorporar herramientas técnicas para afrontar los desafíos del sector.
Gobernador Gregores y el valor de las familias productoras
Aunque ya se jubiló de la docencia, Fabián Gabriel continúa trabajando la tierra, preparando estacas, cultivando ajo y organizando cada nueva temporada de producción.
Su recorrido personal quedó estrechamente ligado a Gobernador Gregores, la localidad a la que llegó para estudiar y donde terminó formando una familia y desarrollando su proyecto de vida.
Con más de veinte años de trabajo en Los Grandotes, Patricia y Fabián atravesaron diferentes etapas, enfrentaron pérdidas y diversificaron sus actividades sin abandonar la producción agropecuaria.
Su historia refleja una realidad del interior santacruceño: detrás de cada árbol de vivero y de cada cultivo hay familias que invierten tiempo, recursos y esfuerzo para mantener activa la economía rural.
En una provincia donde las distancias, el clima y la disponibilidad de agua plantean desafíos permanentes, la continuidad de estos emprendimientos depende tanto del trabajo cotidiano como de la capacidad de innovar y transmitir conocimientos.
Para Gabriel, echar raíces en Gobernador Gregores terminó significando mucho más que establecerse en una localidad. Se convirtió en una forma de vida, construida entre la enseñanza, el trabajo familiar y la decisión de seguir produciendo en la tierra que eligió.
