Cada vez más argentinos llegan a los 45 años sin casa propia: crece la preocupación por alquilar durante la jubilación
La falta de crédito hipotecario, las dificultades para ahorrar y el aumento del costo de los alquileres retrasan el acceso a la vivienda propia. En la Ciudad de Buenos Aires, la edad en la que predominan los propietarios se postergó una década en los últimos 20 años, mientras crece la cantidad de adultos mayores que deben destinar parte de sus ingresos al alquiler.
Tener un empleo estable y mejorar los ingresos ya no garantiza el acceso a la casa propia en Argentina. Las sucesivas crisis económicas, la inflación y las dificultades para obtener financiamiento hipotecario modificaron las posibilidades de compra de miles de familias, que permanecen durante más tiempo en el mercado de alquileres.
El fenómeno genera preocupación por sus consecuencias a largo plazo: quienes no consiguen construir un patrimonio inmobiliario durante su vida laboral podrían llegar a la jubilación con ingresos insuficientes para afrontar el costo de la vivienda.
Un informe de la Fundación Tejido Urbano, citado por TN, advierte que en la Ciudad de Buenos Aires la edad en la que la proporción de propietarios comienza a superar a la de inquilinos pasó de los 30 a 35 años, en 2005, a los 40 a 45 años, en 2025.
La tendencia refleja un cambio en las condiciones de acceso a la vivienda y plantea un desafío para las próximas generaciones, especialmente en un contexto en el que el ahorro pierde terreno frente a los gastos cotidianos.
Vivienda propia en Argentina: cada vez cuesta más comprar una propiedad
La dificultad para acceder a una casa propia no se explica únicamente por el precio de los inmuebles. La falta de crédito hipotecario sostenido y la pérdida de capacidad de ahorro también limitan las posibilidades de compra.
Federico González Rouco, economista especializado en vivienda, señaló que las personas que hoy tienen entre 30 y 45 años ingresaron al mercado laboral durante un período marcado por el estancamiento económico, la inflación y las dificultades para acumular capital.
Por su parte, Fernando Álvarez de Celis, director ejecutivo de Tejido Urbano, estimó que una propiedad equivale actualmente a unos 15 años de ingresos promedio.
En la Ciudad de Buenos Aires, la fundación identificó alrededor de 340.000 personas de entre 40 y 55 años que no tienen vivienda propia. De ese total, unas 221.000 pertenecen a hogares con ingresos inferiores a los $ 3 millones mensuales, un nivel que, según el relevamiento citado, limita el acceso al financiamiento hipotecario.
La situación afecta especialmente a quienes deben reunir el dinero para el anticipo de una propiedad mientras pagan alquiler, expensas, servicios y otros gastos esenciales.
Más viviendas, pero menos posibilidades de convertirse en propietario
El crecimiento de la oferta inmobiliaria no necesariamente se traduce en un mayor acceso a la vivienda propia.
Según los datos procesados por Tejido Urbano, entre 2001 y 2022 la cantidad de viviendas particulares en la Ciudad de Buenos Aires aumentó de aproximadamente 1,35 millones a 1,61 millones. Sin embargo, durante el mismo período, la proporción de hogares inquilinos pasó del 22,2 % al 36,8 %.
Una de las explicaciones señaladas por especialistas es que parte de las propiedades nuevas se incorpora al mercado como instrumento de inversión o resguardo de valor para personas que ya cuentan con patrimonio.
De esta manera, puede aumentar la cantidad de departamentos disponibles sin que crezca en la misma proporción el número de familias que logra comprar su primera vivienda.
A esto se suma el esfuerzo económico que representa alquilar. La Encuesta Inquilina 2025, elaborada por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) e investigadores del CONICET, detectó que el 57 % de los hogares relevados destinaba más de la mitad de sus ingresos al alquiler.
Además, apenas el 14 % podía ahorrar, mientras que el 4 5% recurría al endeudamiento. Entre quienes se endeudaban, el 77 % lo hacía para pagar el alquiler.
Estas condiciones reducen las posibilidades de reunir el capital necesario para comprar una propiedad y afrontar imprevistos económicos.
Alquilar durante la jubilación: el problema que preocupa a los adultos mayores
La falta de vivienda propia adquiere una dimensión diferente cuando llega la edad de retiro. Mientras los propietarios dejan de afrontar un alquiler mensual, quienes alquilan deben seguir destinando parte de sus ingresos a mantener un lugar donde vivir.
Según Viviendata, la plataforma estadística de ACIJ, el 43,8 % de las personas de 60 años o más que alquilan permanece económicamente activo, frente al 26,5 % de quienes son propietarios.
La diferencia sugiere que una parte de los adultos mayores que alquilan necesita continuar trabajando o buscar empleo para sostener sus gastos.
Leandro Vera Belli, coordinador del equipo Derecho a la Ciudad del CELS, señaló que el 70 % de los hogares encabezados por mayores de 60 años destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler.
Las dificultades también aparecen al momento de acceder a un contrato. Alejandro Bennazar, director de la Cámara Inmobiliaria Argentina, advirtió que los requisitos económicos habituales pueden excluir a numerosos jubilados, debido a que se suelen exigir ingresos demostrables equivalentes a varias veces el valor mensual del alquiler.
Con haberes previsionales limitados, cumplir esas condiciones resulta difícil incluso para quienes pueden acreditar un historial de pagos.
Cuántos adultos mayores alquilan en Argentina y cómo evolucionó la tendencia
El crecimiento del alquiler entre las personas mayores no se limita a la Ciudad de Buenos Aires.
El relevamiento citado por TN estima que unas 359.754 personas de 60 años o más viven en viviendas alquiladas en los principales aglomerados urbanos del país.
En CABA, además, la cantidad de hogares inquilinos encabezados por personas mayores de 65 años creció un 78,5 % en dos décadas. Su participación pasó del 10,2 % al 14,7 %.
Estos indicadores muestran que el alquiler dejó de ser exclusivamente una etapa transitoria para quienes buscan independizarse o reunir el dinero para comprar una propiedad. Para una proporción creciente de hogares, se convierte en una modalidad habitacional que puede extenderse durante toda la vida.
El impacto no es únicamente económico. Los cambios de domicilio durante la vejez pueden interrumpir vínculos sociales, alterar rutinas y alejar a las personas de sus redes de apoyo.
El médico gerontólogo Carlos Presman destacó la importancia de conservar el entorno habitual durante esta etapa, debido a su influencia en el bienestar físico, emocional y cognitivo.
Créditos hipotecarios y alquileres: qué alternativas proponen los especialistas
Frente a este escenario, los especialistas plantean distintas medidas para ampliar las posibilidades de acceso a una vivienda y reducir la vulnerabilidad de los inquilinos mayores.
Entre las propuestas aparecen la recuperación del crédito hipotecario, los contratos de alquiler de mayor duración y el desarrollo de garantías accesibles para jubilados.
También se planteó la necesidad de evaluar mecanismos que permitan dar mayor previsibilidad a los precios de los alquileres y ofrecer asistencia para afrontar gastos asociados a la vivienda, como las expensas.
Sin embargo, el crédito hipotecario por sí solo no resolvería todas las dificultades. Los hogares con ingresos insuficientes, empleos informales o escasa capacidad de ahorro pueden quedar excluidos incluso cuando existe financiamiento disponible.
Por eso, el debate sobre el acceso a la vivienda también incluye las condiciones del mercado laboral, la evolución de los ingresos y la capacidad del sistema previsional para sostener a quienes dejan de trabajar.
El desafío de llegar a la jubilación con seguridad habitacional
La preocupación central es que las dificultades actuales para comprar una vivienda se traduzcan en una mayor cantidad de adultos mayores que dependan de sus ingresos mensuales para pagar un alquiler.
González Rouco sostuvo que una menor proporción de propietarios no representa necesariamente un problema si existen alternativas habitacionales adecuadas y condiciones económicas que permitan sostenerlas.
El riesgo aparece cuando los ingresos apenas alcanzan para cubrir los gastos corrientes y no existe margen para ahorrar, invertir o afrontar imprevistos.
En ese contexto, la vivienda propia continúa siendo un factor importante de seguridad económica durante la jubilación, aunque no sea la única alternativa posible.
El desafío para Argentina será ampliar las opciones habitacionales y evitar que el acceso a un lugar estable donde vivir dependa exclusivamente del patrimonio acumulado durante la vida laboral.
