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Cuenca del Golfo San Jorge: la perforación cayó de 680 a 187 pozos anuales y la región busca una salida para recuperar actividad

La cuenca pasó de perforar 680 pozos en 2015 a apenas 187 en 2025. La recuperación dependerá de bajar costos, optimizar pozos existentes y competir con el atractivo de Vaca Muerta.

La Cuenca del Golfo San Jorge atraviesa una etapa de madurez marcada por una caída sostenida de la actividad. El descenso en la cantidad de perforaciones se convirtió en uno de los principales indicadores de una transformación que durante la última década modificó el mapa petrolero de Chubut y Santa Cruz.

El contraste entre 2015 y 2025 permite dimensionar el proceso. Hace diez años se perforaban alrededor de 680 pozos por año, mientras que en 2025 el número se redujo a apenas 187 perforaciones. En términos relativos, la actividad anual quedó por debajo de un tercio del nivel registrado una década atrás.

El ingeniero Marcelo Hirschfeldt, director de Oil Production Consulting, sigue la evolución de la actividad a través de sus Reportes de Tendencias Oil&Gas. En diálogo con Actualidad 2.0, por Radio Del Mar, explicó que el descenso actual debe analizarse como parte de un proceso que comenzó a profundizarse varios años atrás.

“En 2016 hay un quiebre, hay un antes y un después de ese período”, señaló Hirschfeldt al repasar la evolución de la cuenca.

El petróleo barato y el cambio del mapa productivo

Uno de los primeros factores que impactaron sobre la actividad fue la evolución del precio internacional del petróleo. En 2016, el crudo llegó a ubicarse en torno de los US$25 a US$28 por barril, generando un escenario de menor rentabilidad que comenzó a afectar las decisiones de inversión.

A ese contexto se sumaron posteriormente otros acontecimientos: el temporal extraordinario que afectó a Comodoro Rivadavia en 2017, la pandemia de coronavirus y diferentes episodios derivados de la situación geopolítica y económica nacional e internacional.

Al mismo tiempo, la actividad comenzó a concentrarse territorialmente. Según la estadística analizada por Hirschfeldt, hasta 2016 la perforación se repartía aproximadamente en partes iguales entre Chubut y Santa Cruz.

Desde 2017, en cambio, alrededor del 80% de los pozos perforados comenzaron a concentrarse en el sector chubutense de la cuenca, mientras que Santa Cruz Norte atravesó una desaceleración más pronunciada.


La producción ya no depende solamente de perforar

La caída de la perforación no implica, sin embargo, que el único camino para sostener la producción sea incorporar nuevos pozos.

La estructura de la Cuenca del Golfo San Jorge, caracterizada por yacimientos maduros, hace que una parte importante de la producción dependa de técnicas de recuperación secundaria, especialmente mediante la inyección de agua.

En esta nueva etapa también comenzó a adquirir importancia la inyección de polímeros, una herramienta asociada a técnicas de recuperación terciaria.

“Obviamente que la perforación es importante, pero se viene trabajando también en la recuperación de pozos existentes”, explicó Hirschfeldt.

El especialista destacó que la actividad sobre el subsuelo incluye actualmente mantenimiento, recuperación de pozos, terminaciones y trabajos de work-over.

Esto modifica la manera de interpretar la actividad petrolera de la región: recuperar producción no necesariamente requiere perforar un pozo nuevo, sino también aumentar la eficiencia y extender la vida útil de los pozos que ya están en operación.


Recuperar pozos puede llevar meses o años

Uno de los desafíos de los yacimientos maduros está relacionado con la respuesta de la producción ante las interrupciones de los sistemas de recuperación secundaria.

Cuando se interrumpe la inyección, explicó Hirschfeldt, la producción no necesariamente recupera de inmediato los niveles anteriores una vez que el proceso vuelve a ponerse en marcha.

La respuesta puede extenderse durante meses o incluso años y, en determinadas situaciones, el yacimiento puede no recuperar completamente su nivel previo.

Por eso, entre las alternativas que aparecen en los planes de las compañías se encuentran la reconversión de pozos, el mantenimiento de productores, los trabajos de work-over y las técnicas de recuperación terciaria.

La perforación continúa siendo relevante para la producción primaria y para determinados proyectos de recuperación secundaria, pero la estrategia para sostener la actividad debe incluir cada vez más el trabajo sobre los pozos existentes.


El costo de producción, en el centro de la discusión

La otra gran variable es económica. En una cuenca madura, la rentabilidad de cada nuevo proyecto adquiere un peso decisivo a la hora de definir inversiones.

La Cuenca San Jorge conserva recursos y reservas, pero su existencia no significa que toda esa riqueza pueda convertirse automáticamente en producción. A medida que los yacimientos envejecen, la extracción requiere mayores esfuerzos técnicos y económicos.

Además, las inversiones de las compañías compiten con otras oportunidades dentro de sus portafolios, con Vaca Muerta como uno de los principales destinos para el capital destinado al desarrollo hidrocarburífero.

En este escenario, reducir los costos aparece como una de las condiciones fundamentales para recuperar el ritmo de perforación.

Referentes de compañías operadoras vienen planteando que la actividad de la cuenca necesita bajar el costo de extracción, que actualmente supera ampliamente los US$30 por barril, hacia un objetivo cercano a los US$25.

La diferencia con Vaca Muerta es significativa: los costos de desarrollo de nuevos proyectos no convencionales pueden ubicarse en torno de los US$7 por barril, una brecha que condiciona las decisiones de inversión.


Una cuenca que necesita encontrar su propio equilibrio

El escenario actual no permite pensar en un regreso a los niveles de actividad de una década atrás. La Cuenca del Golfo San Jorge difícilmente vuelva a perforar 680 pozos por año, porque la estructura productiva, la madurez de los yacimientos y la competencia por inversiones son diferentes.

El desafío pasa por encontrar un nuevo punto de equilibrio que permita sostener la producción y evitar que la declinación continúe acelerándose.

En junio, la actividad registró apenas 7 pozos productores, frente a un promedio previo de al menos 12 pozos mensuales. El dato se inscribe en una tendencia de largo plazo que también se refleja en la producción: actualmente, la caída interanual ronda el 7% en Chubut y el 4% en Santa Cruz.

En ese contexto, la señal más importante para la región no necesariamente será volver a crecer rápidamente, sino lograr desacelerar la caída de la producción.

Si las inversiones en recuperación secundaria y terciaria, mantenimiento y work-over logran estabilizar los yacimientos mientras se reducen los costos operativos, la Cuenca San Jorge podría comenzar a construir un nuevo escenario de competitividad.

El desafío, entonces, no consiste en recuperar los 680 pozos anuales de 2015, sino en encontrar una ecuación productiva y económica sostenible para una cuenca madura, capaz de preservar actividad, empleo e inversiones mientras el centro de gravedad de la industria argentina continúa desplazándose hacia Vaca Muerta.

Fuente: Raúl Figueroa para ADNSur

Redaccion

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