Energía

El petróleo baja, pero el gasóleo sigue caro: el cuello de botella está en las refinerías

El Brent cayó 36% desde los máximos de abril, pero la falta de capacidad de refinación mantiene elevados los precios de los combustibles y presiona sobre el transporte.

El precio internacional del petróleo comenzó a ceder después del fuerte salto registrado durante la crisis del estrecho de Ormuz, pero el descenso todavía no se trasladó de manera significativa al precio del gasóleo. La explicación está en un cuello de botella que se encuentra más allá de la extracción: la capacidad disponible para transformar el crudo en combustibles.

El Brent, principal referencia europea, cayó un 36% desde los máximos de abril, cuando llegó a los US$138 por barril. Sin embargo, el precio del gasóleo en los surtidores mostró una resistencia mucho mayor a la baja.

La diferencia entre ambos mercados se explica en buena medida por el denominado crack spread, que mide la distancia entre el precio del petróleo crudo y el valor de los productos obtenidos después del proceso de refinación.

Cuando ese margen aumenta de manera significativa, el mercado refleja una situación de escasez de productos refinados: puede existir petróleo disponible, pero no suficiente capacidad industrial para convertirlo en gasóleo, nafta y otros combustibles.


El margen del gasóleo se disparó

Los datos del mercado spot de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) muestran la magnitud del fenómeno.

El crack spread del gasóleo en el golfo de México, medido frente al Brent, pasó de unos US$20 por barril en febrero a un máximo de US$92 a fines de julio, más de cuatro veces por encima del nivel registrado al comienzo del año.

En Europa, el margen del gasóleo superó los US$60 por barril, mientras que el de la gasolina llegó a más de US$41.

Estos valores incluso superaron los registrados durante el verano de 2022, después de la invasión rusa de Ucrania, cuando los mercados energéticos también enfrentaron fuertes restricciones de oferta.

El indicador, sin embargo, debe interpretarse con cautela. El crack spread representa una referencia del margen entre el crudo y los productos refinados, pero no equivale directamente a las ganancias finales de una refinería.

Diferencia entre el precio del gasóleo de ultra bajo azufre (ULSD) en el golfo de México y el del crudo Brent, promedios semanales. Datos: EIA.

Una refinería es mucho más que convertir petróleo

El sistema mundial de refinación está compuesto por unas 820 refinerías, con características muy diferentes entre sí.

Cada instalación tiene una determinada capacidad, tecnología, configuración industrial, tipos de crudo que puede procesar y combinación de productos que puede obtener.

Las plantas utilizan procesos como destilación, craqueo catalítico, hidrocraqueo, coquización y desulfuración, entre otros.

Por eso, los márgenes publicados por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) funcionan principalmente como indicadores de tendencia. Sus cálculos parten de refinerías hipotéticas y contemplan determinados tipos de crudo, procesos y mercados de destino.

Además, los márgenes teóricos suelen calcularse sobre los costos variables, sin incorporar completamente gastos como salarios, mantenimiento, seguros, amortizaciones, costos financieros, impuestos y otras obligaciones.

En conjunto, esos conceptos pueden representar entre US$4 y US$10 por barril, por lo que un margen teórico de US$5 no necesariamente implica que una refinería esté obteniendo ganancias.

Brent (eje izquierdo) frente al crack spread del gasóleo (eje derecho). Desde junio, el crudo cae mientras el margen se dispara. Datos: EIA.

La guerra afectó la capacidad de refinación

La evolución del mercado durante 2026 muestra un cambio respecto de los primeros meses de la crisis.

En marzo, el cierre del estrecho de Ormuz provocó una fuerte disrupción del mercado petrolero. El margen de craqueo en Singapur pasó de US$2,7 a US$42 por barril en apenas un mes.

El escenario de julio fue diferente. La recuperación parcial del tránsito por Ormuz permitió que el crudo volviera a circular con mayor normalidad y que su precio comenzara a bajar.

Pero los productos refinados continuaron escasos.

La explicación está, en parte, en los daños sufridos por las instalaciones de refinación. Las plantas de Medio Oriente no pudieron recuperar completamente su actividad, mientras que las refinerías rusas enfrentaron ataques vinculados con la guerra en Ucrania.

En julio, además, Rusia suspendió sus exportaciones de diésel, por un volumen estimado de entre 800.000 y un millón de barriles diarios, para priorizar el abastecimiento de su propio mercado.


Menos refinerías en Estados Unidos y Europa

A los daños provocados por la guerra se suma una tendencia anterior: la reducción de la capacidad de refinación en algunas de las principales economías.

Estados Unidos perdió alrededor de 1,2 millones de barriles diarios de capacidad desde 2019 debido a cierres y conversiones de instalaciones.

En Europa, el proceso es todavía más prolongado. Durante la última década varias refinerías fueron cerradas debido a problemas de rentabilidad y a las transformaciones estructurales del mercado energético.

El resultado es una situación aparentemente paradójica: hay petróleo disponible, pero falta capacidad industrial para transformarlo en los combustibles que demanda el mercado.


El impacto sobre el transporte

El gasóleo tiene un peso que va mucho más allá del precio que paga un automovilista en una estación de servicio.

El combustible es fundamental para el transporte de mercancías, la maquinaria agrícola, la construcción y la actividad pesquera. Por eso, una suba sostenida del diésel puede trasladarse progresivamente a los costos de toda la cadena productiva.

El transporte de alimentos, por ejemplo, incorpora el costo del combustible desde la salida del establecimiento productivo hasta la distribución final.

En España, el precio del gasóleo para los consumidores pasó de 1,11 euros por litro en febrero a 1,43 euros en agosto, un incremento del 29%.

Para un transportista autónomo, el aumento representa aproximadamente 11.000 euros adicionales al año, según los cálculos realizados sobre los precios relevados por la Comisión Europea.


El crudo baja, pero el combustible no acompaña

La evolución de los precios permite observar con claridad dónde quedó retenido el abaratamiento del petróleo.

Entre el 23 de marzo y el 3 de agosto, el Brent convertido a euros por litro cayó unos 11 céntimos, equivalente a una reducción del 18%.

En el mismo período, el precio del gasóleo en España antes de impuestos prácticamente no se modificó, con una caída de apenas 0,2%.

En el surtidor, la reducción fue cercana al 5%, pero estuvo parcialmente amortiguada por la estructura impositiva, dado que una parte de los impuestos constituye un importe fijo por litro.

La diferencia entre el precio del crudo y el precio del combustible antes de impuestos aumentó considerablemente. Desde febrero, el precio español del gasóleo antes de impuestos subió un 58%, frente a un aumento del 39% del crudo en euros.

Ese diferencial, sin embargo, no corresponde exclusivamente al proceso de refinación. También incluye logística, almacenamiento, distribución, comercialización y márgenes minoristas.

Precio semanal del gasóleo en España frente al Brent convertido a €/litro con tipos diarios del BCE. Datos: Comisión Europea (Weekly Oil Bulletin), EIA y BCE.

Las petroleras también reflejan el aumento de los márgenes

Los resultados del segundo trimestre de 2026 de las principales compañías petroleras muestran el impacto de la situación.

Repsol, TotalEnergies, Shell, BP y Eni informaron beneficios vinculados con sus actividades de refinación que fueron entre dos y cuatro veces superiores a los del mismo período del año anterior.

Sin embargo, las compañías también advirtieron que los márgenes efectivamente capturados pueden diferir de los indicadores teóricos utilizados por el mercado.

Las diferencias dependen, entre otros factores, de los tipos de crudo utilizados, los costos de transporte, la configuración de cada refinería y la combinación de productos obtenidos.

Por eso, el crack spread es útil para identificar una tendencia de escasez en los productos refinados, pero no puede interpretarse directamente como el beneficio neto de las empresas.


Un cuello de botella difícil de resolver

La situación plantea un problema estructural para el mercado energético: el descenso del precio del petróleo no garantiza una caída equivalente en los combustibles si la capacidad de refinación continúa limitada.

Construir una nueva refinería requiere inversiones de miles de millones de dólares y puede demandar entre cinco y diez años hasta entrar en funcionamiento.

A esto se suma una dificultad adicional: los inversores deben evaluar la rentabilidad de instalaciones que podrían operar durante décadas en un escenario de transición energética y creciente electrificación del transporte.

Por eso, la actual presión sobre el gasóleo no responde únicamente a la cotización del barril. El cuello de botella se trasladó desde la extracción hacia la transformación del crudo, y mientras no se recupere suficiente capacidad de refinación, la baja del Brent tendrá un impacto limitado sobre los precios finales de los combustibles.

Fuente: Enrique Parra Iglesias para The Conversation

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