Minería

Cerro Negro: reclaman definiciones de CAEM y Nación ante la crisis por seguridad en Newmont

Las inspecciones en el yacimiento de Cerro Negro y los cuestionamientos sobre seguridad laboral ampliaron el debate más allá de Santa Cruz. El silencio de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) y de la Secretaría de Minería de la Nación genera interrogantes sobre el rol institucional frente al conflicto.

La situación generada en Cerro Negro, la operación aurífera de Newmont en Perito Moreno, dejó de ser únicamente un conflicto entre el Gobierno de Santa Cruz y la compañía.

Las inspecciones provinciales, los cuestionamientos vinculados con seguridad e higiene laboral, la intervención de los sindicatos y el peso de la operación en la producción aurífera argentina colocaron al yacimiento en el centro de una discusión que alcanza al conjunto del sector minero.

Mientras la Provincia y los gremios fijaron posición sobre los controles, Newmont difundió entre sus trabajadores una comunicación interna en la que cuestionó aspectos de los procedimientos. Sin embargo, durante las primeras horas de la crisis no hubo una explicación pública de la compañía con similar alcance.

En ese contexto, también quedó bajo análisis la ausencia de pronunciamientos de CAEM y de la Secretaría de Minería de la Nación.

El rol de CAEM frente a una situación sensible

La discusión no pasa necesariamente por exigirle a CAEM que defienda a Newmont. La compañía ya no integra actualmente la nómina de asociados publicada por la Cámara, pese a haber tenido durante años una participación relevante en su estructura e incluso espacios de conducción.

El punto planteado es otro: qué posición debería asumir una entidad que representa y comunica habitualmente sobre la actividad minera argentina cuando una operación de relevancia queda involucrada en cuestionamientos sobre seguridad y condiciones laborales.

Una eventual intervención institucional no implicaría anticipar responsabilidades ni reemplazar a los organismos competentes. Podría, en cambio, establecer principios generales sobre las condiciones que la industria considera indispensables.

La seguridad de los trabajadores, la transparencia, el cumplimiento de las normas, el debido proceso y el respeto de las competencias provinciales son algunos de los aspectos que atraviesan la discusión.

Representar al sector también implica afrontar los conflictos

CAEM suele intervenir públicamente en debates relacionados con impuestos, regulaciones, competitividad, inversiones, restricciones económicas y condiciones para el desarrollo minero.

También tiene un rol activo en la promoción del potencial geológico argentino y en la difusión de inversiones vinculadas con la actividad.

En ese marco, la crisis de Cerro Negro plantea un desafío diferente: la capacidad de las instituciones sectoriales para fijar posición cuando aparecen cuestionamientos que pueden afectar la percepción pública de toda la industria.

Cerro Negro no involucra únicamente a Newmont. También comprende trabajadores, proveedores, producción y exportaciones, además del impacto que las condiciones de una operación de esa magnitud pueden tener sobre la imagen de la minería argentina.

Por eso, cualquier pronunciamiento sectorial no necesariamente tendría que estar orientado a defender a una compañía, sino a establecer cuáles son los estándares que la actividad considera irrenunciables.

Seguridad, transparencia y debido proceso

Las denuncias vinculadas con las condiciones laborales deben ser investigadas por las autoridades correspondientes, mientras que las inspecciones estatales deben desarrollarse dentro del marco legal.

Al mismo tiempo, las empresas tienen la responsabilidad de brindar explicaciones cuando enfrentan cuestionamientos graves que pueden afectar la confianza de trabajadores, comunidades, autoridades e inversores.

La discusión también alcanza al Estado: la fiscalización provincial debe respetar el debido proceso y las compañías deben contar con las garantías correspondientes durante los procedimientos.

El desafío consiste en sostener simultáneamente esos principios sin que uno sea utilizado para desconocer los demás.

El desafío también alcanza a la Secretaría de Minería

La situación plantea un interrogante similar para la Secretaría de Minería de la Nación.

El Gobierno nacional no tiene por qué intervenir para defender a Newmont frente a Santa Cruz. Las provincias son las propietarias de los recursos naturales y poseen competencias fundamentales sobre el control de las actividades que se desarrollan en sus territorios.

Sin embargo, el hecho de que Cerro Negro se encuentre dentro de una jurisdicción provincial no elimina la existencia de una política minera nacional.

La Nación promueve a la Argentina como destino de inversiones, busca incrementar las exportaciones mineras y presenta al sector como estratégico para el desarrollo económico.

Desde esa perspectiva, también podría establecer criterios generales sobre qué estándares espera de las empresas frente a situaciones graves y cuál es la importancia que asigna a la seguridad laboral, la transparencia y el cumplimiento de las normas.

Fijar esos criterios no necesariamente implicaría intervenir en la investigación ni determinar quién tiene razón en el conflicto.

La importancia de una mirada federal

La minería argentina tiene una fuerte presencia en provincias como Santa Cruz, San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy, donde se encuentran los yacimientos, trabajan miles de personas y se desarrolla buena parte de la actividad productiva.

Por eso, la respuesta institucional ante una crisis minera también plantea una cuestión federal. Las problemáticas que surgen en los territorios no deberían quedar relegadas por no ocurrir en Buenos Aires.

La capacidad de las instituciones nacionales y sectoriales para acompañar esos procesos también forma parte de la construcción de confianza dentro de la industria.

El costo institucional del silencio

La licencia social de la minería no depende solamente de las inversiones, la generación de empleo o el potencial exportador. También está vinculada con la coherencia entre los principios que las instituciones promueven y su comportamiento frente a situaciones críticas.

Cuando una organización interviene activamente ante medidas que afectan al sector, pero mantiene distancia frente a cuestionamientos que pueden repercutir sobre toda la actividad, puede surgir un interrogante sobre el alcance de su representatividad.

En el caso de Cerro Negro, la discusión no consiste en pedir defensores para Newmont ni en anticipar conclusiones sobre las denuncias.

El desafío es que las instituciones capaces de hablar en nombre de la minería argentina también puedan establecer con claridad qué debe investigarse, qué estándares deben cumplirse y cuáles son los límites que la actividad no debería negociar.

La confianza se construye tanto a través de las declaraciones públicas como mediante la forma en que se responde ante las situaciones más incómodas.

Fuente: Minería & Desarrollo

Redaccion

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