Revolución en Cuyo: inyectan USD 800 millones en Mendoza para minería de cobre con tecnología de eficiencia hídrica
El proyecto PSJ Cobre Mendocino acordó incorporar tecnología de última generación de la multinacional finlandesa Metso, para optimizar el procesamiento del mineral y recuperar una mayor cantidad de agua. La iniciativa permitirá elevar la capacidad de tratamiento hasta 42.000 toneladas diarias sin modificar el consumo hídrico autorizado.
La provincia de Mendoza se consolida como uno de los nuevos polos de atracción para las inversiones mineras de gran escala en la Argentina. En un contexto donde la escasez hídrica y la licencia social representan los principales desafíos para el desarrollo de los recursos cordilleranos, un proyecto estratégico rompe el molde al asegurar un desembolso superior a los 800 millones de dólares con eje absoluto en la innovación tecnológica y el cuidado del recurso.
La iniciativa, que ya pisa fuerte en los registros de inversión y genera altas expectativas económicas, demuestra que es posible traccionar la producción de metales críticos —fundamentales para la transición energética global— bajo un paradigma de máxima eficiencia ambiental.
Tecnología de punta: procesar más mineral con el mismo recurso
El gran dilema histórico de la industria metalífera en zonas áridas encuentra en este proyecto un punto de inflexión. Lejos de requerir un incremento proporcional del recurso hídrico a medida que escala su capacidad operativa, el diseño técnico contempla la implementación de sistemas avanzados de recuperación y recirculación de agua.
De acuerdo con los detalles técnicos del proyecto, la planta proyecta procesar hasta 42.000 toneladas diarias de mineral. Lo disruptivo del esquema radica en que toda esta expansión industrial se sostendrá sin ampliar el volumen de agua autorizado, disipando los fantasmas en torno al impacto sobre las cuencas locales y respondiendo con datos duros a las demandas de las comunidades.
El cobre mendocino en el radar de los capitales globales
La llegada de estos capitales multimillonarios posiciona a Mendoza en la vidriera internacional de la minería verde. Mientras a pocas provincias de allí la atención se concentra en el litio, el suelo mendocino pisa fuerte en la carrera por el cobre, el metal rojo indispensable para la electrificación mundial, la fabricación de vehículos eléctricos y la infraestructura de energías renovables.
“El desafío no es solo extraer, sino demostrar que la tecnología moderna permite hacer minería de alto rendimiento con una huella ecológica estrictamente controlada”, señalan fuentes vinculadas al sector empresario.
Con esquemas de recirculación que superan el 80 % del fluido utilizado en los procesos de flotación y molienda, el complejo busca blindarse ante las históricas restricciones regulatorias y geográficas de la provincia.
Desafíos macroeconómicos y licencia social
Si bien la inyección de más de USD 800 millones traccionará la creación de empleo directo, la proveeduría local y el ingreso genuino de divisas a las arcas públicas, el camino no está exento de debates.
La convivencia entre la actividad vitivinícola tradicional, el cuidado histórico del agua en Cuyo y la llegada de la gran minería exige un monitoreo estatal transparente y riguroso. El futuro económico de la región dependerá en gran medida de que este tipo de inversiones tecnológicas logren certificar en el terreno que el desarrollo productivo y la preservación ambiental pueden marchar de la mano.
